28 de julio de 2011

Mejorar la calidad de nuestras relaciones


¿Qué entendemos por una relación exitosa?

Por supuesto podría darse diferentes respuestas dependiendo del tipo de relación que hablemos, pero en términos generales, seria aquella en la cual hay unos claros sentimientos de amor y respeto entre las partes implicadas. En otras palabras, el éxito seria el resultado  de la interacción basada en unos valores intrínsecos de las personas, lo cual nos lleva a compartir unas cualidades positivas.
Por tanto, un aspecto básico para mantener unas relaciones satisfactorias es asegurarnos que estamos en contacto con nuestros valores espirituales en todas nuestras interacciones. La paz es la piedra angular de estos valores, ya que la paz interior nos permite tener una actitud de confianza, apertura y seguridad en nosotros mismos y para con los demás.
También es necesario para unas  relaciones de calidad tanto a nivel familiar como profesional u otros entornos sociales,  que permanezcamos en armonía y equilibrio, lo cual es una consecuencia natural  de tener sentimientos de auto-respeto. El respeto y amor hacia nosotros mismos es la base de nuestra positividad y estado de armonía interior.
  
¿Cuál son mis intenciones en mis relaciones?

Es importante observar la motivación o intención que tengo en mis relaciones. Aunque sea a un nivel subconsciente, si lo que me mueve en la relación es crear o mantener una relación de dependencia, más tarde o temprano surgirán tensiones. Eso es debido a que por naturaleza, la dependencia es egoísta. Es una  condición psicológica que surge de la necesidad de ser amado. Sin embargo, el amor solo puede ser experimentado si tenemos la naturaleza de darlo. El amor verdadero no puede ser experimentado pidiéndolo o exigiéndolo. Por ello es esencial que, si queremos que una relación sea duradera, nuestro objetivo sea de dar y compartir y no el tomar o esperar.
Otro aspecto para mantener relaciones armoniosas es el aceptar la responsabilidad personal por la calidad de nuestras relaciones. Si solo nos quejamos acerca de cómo son los demás, de lo que hacen, lo deberían  hacer o deberían dejar de hacer, solo contribuimos a aumentar la negatividad, y finalmente la relación de deteriora y destruye.
Una relación solo puede mantenerse cuando cada persona acepta la responsabilidad de si mismo y de contribuir en la medida de sus posibilidades al éxito de la relación.

La importancia del respeto en nuestra interacción  con los demás.

El respeto es un valor esencial en las relaciones humanas. De una forma simple podríamos definir el respeto como el ser capaces de apreciar a los demás, reconocer sus talentos, sus esfuerzos, sus cualidades. Eso incluiría el aspecto de dar consideración, es decir, tomar en seria la existencia del otro. Lo que otros creen, valora o siente es importante, aunque sea diferente de mis creencias o valores. Cuando damos respeto y consideración a los demás creamos amistad y armonía, y les permitimos que crezcan emocionalmente. El respeto hacia otra persona se pierde cuando dejamos de apreciar sus cualidades y aspectos positivos y nos empezamos a enfocar en sus errores, defectos y debilidades.
 Si una relación es importante para nosotros, miraremos de hacer el esfuerzo para conectar con los valores esenciales de la otra persona. Cuando entendemos lo que es importante para el otro, sabremos  como tratarle, lo que debemos procurar no hacer, sabremos como estar y compartir con los demás.

El problema de las expectativas

Las expectativas acerca de los demás suelen ser la mayor fuente de pensamientos negativos que tenemos en las relaciones humanas. Si a menudo esperamos que la gente se comporte de una cierta forma, que nos hablen o traten de una forma en particular, entonces cuando no lo hagan nos trastornaremos y tendremos pensamientos y sentimientos negativos hacia ellos. Por tanto es importante desarrollar una actitud de aceptación sobre como deciden ser y actuar las demás personas con quien interactuamos, ya que así podremos permanecen en paz con nosotros mismos y podremos ser más objetivos al tratar con ellas y las situaciones.
Las expectativas están a menudo conectadas a los apegos y las dependencias. Si estamos apegados a una persona esperaremos más de ella que de cualquier extraño.

Armonía en las relaciones y comunicación efectiva

Uno de los factores principales para conseguir armonía en las relaciones es tener una buena comunicación. Si la comunicación se quiebra la relación sufre. ¿Cuál es la principal razón del deterioro de la comunicación entre las personas? El ego  es lo que más nos bloquea y crea más barreras y distorsiones en nuestra relación con los demás. Si quiero armonizar mi relación, ya sea en el hogar, en el trabajo o la vida social, tengo que participar en la comunicación a través de la escucha activa. La comunicación no significa solamente hablar. Escuchar es el 80 % de la comunicación. Si queremos transformar el ego necesitamos utilizar la armadura de la humildad, lo cual nos permitirá abrirnos a una comunicación clara y sincera con los demás.
La escucha activa y una actitud humilde transmite confianza a la otra persona, lo cual permite generar una actitud de dialogo y apertura.
Otro ingrediente que  crea armonía en la relación es la honestidad. Tenemos que tener una comunicación abierta y honesta.

Las cuatro actitudes para crear armonía en las relaciones:
 1)     El poder de escuchar: oír es diferente de escuchar. Oír es fisiológico, escuchar es psicológico. Tenemos que aprender a escuchar, no tan solo oír.
2) Estar disponible. Si siempre nos mostramos como alguien muy ocupado las personas sentirán que no estoy disponible y recurrirán a un  tercero. Es importante dar prioridad a crear un tiempo de calidad para las personas con quien interactúo a diario.
3) Tolerar: Es una forma de fortaleza, de poder interno. Saber aceptar tanto lo positivo como lo negativo y responder siempre con madurez y ecuanimidad. No ser afectado ni por la alabanza ni por la difamación. Es ser positivo con aquellos que son negativos conmigo. Tolerancia no es aguantar y callar, tolerancia es aceptar y comprender.
4) Adaptación: Significa tener una naturaleza fácil y flexible. Tener capacidad de amoldarse. Es el poder de estar por encima de los roces con los demás y adaptarse a lo que la situación requiere. Saber fluir según la escena en la que te encuentres, no tener expectativas ni  ser rígido.
  
El triangulo divino de la armonía: El ser, la verdad, la vida.
 Podríamos describir la armonía a través del modelo de los tres puntos; uno representa el ser, el otro representa a las demás personas que hay en tu vida. La causa más frecuente de falta de armonía es tener una relación conflictiva entre el ser y los demás. Al tercer punto lo llamamos la Verdad, lo Divino, “Aquel o aquello que trae beneficio a todos”. La armonía se genera cuando el individuo se enfoca en la dirección correcta. Estos tres puntos están constantemente interconectados. Existe una conexión permanente entre lo divino y la vida. Por tanto, en lugar de concentrarnos que podemos tomar de la vida y los demás, seria más adecuado primero enfocarse en comprender mi verdad interior. Así podré después conectar con el Divino, y el Divino siempre permanece conectado a la vida. Se activa la llamada ley de la sincronicidad. Todo lo que necesite de la vida vendrá a mí de forma natural.


21 de julio de 2011

Sin prisa pero sin pausa. "Tener el norte claro"


Las tortugas marinas  tienen un gran sentido de la orientación, no importa donde se encuentren, incluso si están en la otra punta del océano, de alguna manera se las arreglan para regresar a su hábitat. Las hembras realizan miles de kilómetros para desovar en las mismas playas donde nacieron, realizando su primer viaje al cabo de varios años.

¿Qué nos enseña esta experiencia?

-La tortuga funciona a su ritmo: sin prisa pero sin pausa. Lo importante es realizar bien su tarea.
- Tiene claro el norte: es fiel y cumple con el plan propuesto
- Tiene perseverancia y constancia. Es fundamental usar todos los medios a tu alcance y no desanimarse y claudicar ante las adversidades. Los obstáculos vienen para hacerte más fuerte.
- Compromiso con su especie: si cada ejemplar no tuviera presente su misión y responsabilidad con los demás y dejara de realizar su labor, más tarde o temprano desperecerían todos.
- Confianza y apuesta por la vida: la tortuga realiza su trabajo: pone los medios, “siembra” sin ver directamente la consecuencia de su esfuerzo. Hace lo que tiene que hacer y luego confía en la cadena de la vida.
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La adicción a la urgencia

Una de las características principales de nuestro mundo actual es la aceleración, la rapidez, los cambios bruscos, la inmediatez. Una expresión muy generalizada en nuestras vidas es decir “no tengo tiempo”. En nuestro contexto actual nos invade la prisa. “Todo tiene que estar terminado para ayer”. La urgencia es el paradigma dominante para muchas personas, y así no se puede vivir en el presente, porque el presente ya es pasado y por tanto difícilmente se proyectará  en un futuro.
Gestionar el tiempo de forma eficiente requiere en primer lugar tener claro a donde queremos ir, que queremos hacer con nuestra vida, o sea tener un claro propósito que nos  proporcione una brújula para indicarnos el norte. Cuando hemos dedicado un tiempo a clarificar nuestros valores y el propósito de nuestra vida, entonces sabremos  priorizar de una forma natural y fácil entre las cosas que son importantes y las que quizás parecen muy urgentes pero en realidad no son importantes.
Las vidas de muchas personas están gobernadas por el reloj, y se pasan el día yendo de un lado para otro atendiendo citas, compromisos, horarios, sin embargo estar moviéndose a gran velocidad no implica necesariamente que  uno esté yendo en la dirección correcta. La sensación agobiante es que cada vez corremos más y curiosamente cada vez tenemos menos tiempo.
  
Cambiar el reloj por la brújula: tener un norte claro

Si en nuestras vidas percibimos que hay una brecha entre el reloj (hacia donde me empujan  a ir las circunstancias, el entorno y los demás), y la brújula (hacia donde siento que debo de ir, de acuerdo a mis valores, visión y principios) se desencadena una lucha interna que puede incluso llevarnos a una crisis existencial.

En la obra de Lewis Caroll, Alicia en el país de las maravillas, hay un interesante dialogo entre el Gato de Cheshire y Alicia:

-Podrías decirme, por favor, qué camino he de tomar para salir de aquí - pregunta Alicia.
- Depende mucho del lugar donde quieras ir, contestó el Gato.
- Me da igual donde – dijo Alicia.
- Entonces no importa qué camino sigas – dijo el Gato.
- …siempre que llegue a alguna parte, añadió Alicia, a modo de explicación.
- Ah!, seguro que lo consigues – dijo el gato, si andas lo suficiente.

Como bien afirma el Gato de Cheshire en su dialogo con Alicia, el camino a tomar va a depender de a donde pretendamos llegar. Es fundamental tener un norte bien definido, ya que el propósito y los objetivos orientarán la acción. Se suele afirmar que “el que tiene un por qué, buscará el cómo”. Quien no tiene el norte claro, como el personaje de Alicia, le dará lo mismo elegir un camino que otro. He ahí la importancia de la brújula: no solo hay que realizar actividades, sino que hay que intentar que estás se orienten el la dirección adecuada. Para conectar con nuestro propósito en la vida, debemos hacernos a menudo estas preguntas: ¿Qué es lo que realmente quiero? ¿Qué contribución deseo realizar? ¿Qué objetivos tengo en mi mente? ¿Qué resultados quiero conseguir?
De este modo pasamos a dirigir nuestra vida por el paradigma de la importancia.  Si nuestra misión está bien determinada y alineada con nuestros valores, nuestras decisiones se basarán en priorizar siempre lo que es más importante, sin dejarnos atrapar en la dinámica de hacer solo las cosas más urgentes.
  
Evitar el desperdicio de la energía mental

Otro aspecto al que hay que prestar atención para gestionar el tiempo con efectividad, es saber evitar el desperdicio de nuestra energía física, mental y emocional. El uso incorrecto del tiempo se encuentra estrechamente relacionado con el desperdicio de nuestra energía mental y con la falta de objetivos claros en la vida. Si nuestra mente va muy acelerada con muchos pensamientos inútiles y desperdiciables, tendremos la sensación de que el tiempo se contrae y que siempre vamos corriendo detrás del reloj. En cambio, si el ritmo de nuestros pensamientos se hace más lento tendremos la sensación que el tiempo se expande. Los momentos de silencio nos proporcionan un tiempo de oro para disfrutar de momentos de paz y sosiego,  viviendo más intensamente cada momento presente, sintiendo que somos dueños del tiempo.
  
Instaurar un tiempo de reflexión silenciosa

Alcanzar un estado de equilibrio y claridad mental, así como clarificar nuestras metas y valores, requiere que dediquemos más tiempo a nosotros mismos. En el silencio, a través de la reflexión silenciosa y la meditación,  podemos encontrar un espacio interior de calma y claridad que nos ayude a conectar con nuestro ser, lo cual a la vez nos llevará a utilizar la energía de nuestra mente de forma más correcta y beneficiosa.
El silencio interior nos ayuda a crear la calidad más elevada de pensamientos. Es un estado de paz en la mente y estabilidad emocional, en el cual uno se encuentra más allá de cualquier pensamiento desperdiciable o negativo. Es a través de la práctica de la meditación como podemos  lograr esa experiencia de silencio en nuestras mentes. Con la meditación utilizamos el poder del pensamiento creativo para experimentar el silencio.
  
Tres  pasos a seguir en nuestra práctica meditativa

-        Retraerse: Dedicamos unos momentos a separarnos de la influencia de nuestros pensamientos y nuestro entorno y a tomar control de la mente.
-        Observar: Adoptamos la actitud de ser un observador de nuestros pensamientos, y reflexionamos y decidimos si los queremos mantener en nuestra mente.
-        Dirigir: Suavemente, sin forzar, comenzamos a crear el tipo de pensamientos que deseamos tener.

La práctica de estos tres pasos de una forma regular y sistemática nos puede ayudar a calmar la mente y cambiar la forma que pensamos sobre las situaciones y desafíos de la vida cotidiana. Tendremos más claridad mental y fuerza interior y ello nos capacitará  a dar respuestas efectivas en lugar de reaccionar impulsivamente.
Dejaremos de ser los esclavos del tiempo que son golpeados por las distintas circunstancias y eventos, para pasar a ser los dueños de nuestro tiempo, que tienen su norte claro y gobiernan el barco de su vida con firmeza y sabiduría, avanzando sin prisa pero sin pausa.


14 de julio de 2011

Experiencia de meditación

Claves espirituales para alcanzar la felicidad


Aristóteles afirmó que todo lo que hacemos los seres humanos en este mundo es para lograr la experiencia de la felicidad. Sin embargo, al ser tan importante puede que hagamos cosas erróneas para conseguirlo y como resultado experimentamos un poco de felicidad y también un poco de sufrimiento.
La realidad de la vida de muchas personas es que los momentos de felicidad son muy efímeros y pasajeros. Dedicamos mucho tiempo, dinero y energía  en conseguir una serie de metas y objetivos, desatendiendo nuestro mundo interior, y con el tiempo esta huida de nosotros mismos suele pasarnos factura.

¿Tener, hacer, estar o ser? Cual es la fuente de tu felicidad?
La espiritualidad nos puede ayudar a comprender donde se encuentra la base de una felicidad más solida y duradera. Para ello en primer lugar nos tendríamos que preguntar cual es la fuente principal de nuestra felicidad y en cual de estos verbos se apoya nuestro bienestar y equilibrio. Quizás en  tener una determinada posición en la sociedad, o bien tener una serie de posesiones, o tener prestigio en mi comunidad, tener bastante dinero en el banco, tener un trabajo que me de seguridad, tener una pareja que me comprenda y me quiera, tener unos hijos inteligentes y maravillosos, etc. O quizás  mi felicidad  se basa en hacer determinadas cosas, hacer deporte, hacer un viaje, hacer una actividad concreta, etc. O bien mi fuente de felicidad reside en estar la compañía de unas personas determinadas, o estar en un ambiente positivo y feliz, o estar en una isla paradisíaca y tranquila…..
Si mi felicidad tiene como base principal algunos de estos verbos, (tener, hacer, estar)  he de comprender que todos tienen su apoyo en la temporalidad y la impermanencia, es decir, están sometidos al principio del cambio que rige en nuestras vidas, lo cual nos dice que todas las experiencias en este mundo tiene un principio y un fin, todo es pasajero y temporal. Tal como afirmaba el filosofo griego Heráclito, “lo único permanente es el cambio”. Por tanto si mi felicidad se basa en estos factores temporales y pasajeros,  cuando se terminen, los pierda o se vayan de mi vida, mi felicidad también se irá con ellos.
Partiendo del punto de vista que no hay nada malo en disfrutar de todas las cosas maravillosas que nos ofrece la vida, sin embargo, desde la perspectiva de la espiritualidad nos hacemos una serie de preguntas para intentar comprender mejor este estado de conciencia del ser humano. Si me felicidad tuviera como base principal el “ser”, ello me conectaría  con algo en mi interior que no cambia con el paso del tiempo y que no esta sometido a ese principio de temporalidad que rige en el mundo material. El “ser” me conecta con la dimensión del espíritu, con unos valores y cualidades innatos en la personalidad humana, en definitiva con una energía que es permanente y eterna,  y que llamamos el alma.

 ¿Por qué sufrimos?
El origen del sufrimiento (estados de ansiedad, tristeza, angustia, negatividad, vacío interior, etc.), es decir, cualquier estado emocional que nos produce un malestar o insatisfacción no viene provocado tan solo por nuestras circunstancias o el entorno,  sino por nuestros pensamientos y emociones. Desde la perspectiva espiritual la felicidad no es una experiencia provocada por algo exterior, sino un estado de conciencia que creamos cada uno de nosotros en nuestras mentes. Es nuestra forma de pensar acerca de las cosas que suceden a nuestro alrededor  lo que nos hace felices o infelices, es decir, la forma en que percibimos la realidad exterior y como la interpretamos y procesamos  en nuestras mentes. Por tanto, la forma en que vivimos el presente es lo que determina nuestro estado de felicidad. Como más sepamos vivir con plena conciencia del “Ser” y un estado de atención y presencia cada momento de nuestra vida, más  la felicidad será una experiencia que solo dependerá de nosotros mismos. En el momento que nuestra mente se aleja del momento presente y empieza a recordar el pasado o preocuparse por lo que sucederá en el futuro, o bien a tener deseos de querer esto o aquello,  entonces nuestra felicidad será como el mercurio, que en un momento esta en nuestras manos y al rato siguiente se resbala y escapa entre nuestros dedos sin casi darnos cuenta de ello. Nuestros pensamientos son los que nos hacen sentir felices o desagraciados, no nuestras circunstancias. Cuando más control tengamos sobre la mente, más control tendremos de nuestras vidas y por tanto de nuestra felicidad.

El poder de la actitud
Como nos posicionamos ante la vida, nuestra actitud, también es un aspecto fundamental a la hora de alcanzar la experiencia de la felicidad. Un buen método para ver el aspecto beneficioso en todo lo que nos sucede es hacernos preguntas positivas. En lugar de preguntar: ¿Por qué me tiene que suceder esto a mi?, uno se podría preguntarse: ¿Qué tengo que aprender de esta situación? o ¿cómo puedo beneficiarme de esta experiencia? Si una persona se siente infeliz o deprimida, generalmente ello significa que se está haciendo las preguntas equivocadas. Quizás diez cosas van bien en mi vida, pero una va mal, ¿a que le dedico más atención? si solo pienso en lo que no funciona mis sentimientos serán de desesperanza, ansiedad y preocupación.

Las puertas por donde se escapa la felicidad:
Debemos poner especial atención a las puertas principales por las que a menudo se escapa nuestra felicidad en la mente y que son:
a)      Los deseos insatisfechos generados por la mente y las expectativas que surgen debido a los mismos.
b)     Exceso de pensamientos desperdiciables acerca de lo que sucede en nuestro entorno.
c)      Una baja autoestima, lo cual provoca una falta de aceptación y valoración personal. Se depende mucho de lo que otros piensan o dicen acerca de uno mismo.
d)      No saber soltar el pasado. Falta de habilidad de perdonar y olvidar. Mantener sentimientos de odio o rencor hacia otras personas.
e)      EL apego y la dependencia de ciertas personas, las posesiones, o cualquier cosa temporal de mi entorno.

Decálogo para ser más feliz:
1) Conócete, acéptate y valórate a ti mismo. Desarrolla todo tu potencial.
2) Las cosas esenciales de la vida son las que no se ven. La felicidad no tiene que ver con lo que tenemos, sino en apreciar las pequeñas cosas que nos pasan cada día. La gratitud es la semilla de la abundante felicidad.
3) Uno es todo lo feliz que previamente el mismo se ha propuesto serlo. La felicidad es una elección y una decisión, no una lotería. Aprende a soltar tus apegos y vencerás el miedo.
4) La actitud que adoptas ante la vida es lo que determina tu felicidad. Según como piensas, así es tu vida. Aprende a “ocuparte” sin “preocuparte”
5) Cultiva el sentido del humor. Es esencial saber reírse de uno mismo.
6) Deja que el pasado sea el pasado. Perdónate a ti mismo y perdona a los demás.
7) Busca el equilibrio entre el “ser” y el “hacer”, el silencio y la acción.
8) Toma la responsabilidad de tu vida. Acepta las cosas tal y como te vienen. Evita juzgar a los demás. Aprende a ser el observador imparcial de todo lo que sucede.
9) Aprende a fluir con el momento presente. El pasado es historia, el futuro es un misterio, pero el ahora es un regalo, y por eso le llamamos el presente.
10) Cada día puedes crear felicidad en tu vida si buscas la forma de hacer felices a los demás.




7 de julio de 2011

Recuperar la energía personal

Las personas necesitamos disponer a diario de un buen nivel de energía para realizar todas nuestras actividades y alcanzar las metas que nos hayamos haya fijado. Por tanto es de vital importancia conocer en profundidad los distintos niveles de energía que operan en nuestras vidas, así como los métodos que nos permitirán recargar nuestro ser y aumentar nuestra fortaleza interna y recursos personales.
. ¿Qué es la energía?
Algunas definiciones que podríamos dar:
- La fortaleza y vitalidad que se necesita para mantener una actividad.
- Las actitudes físicas y mentales de una persona aplicadas a una actividad concreta.
- Es la fuerza vital que reside en la conciencia humana y que hace que las cosas sucedan.

Existen 4 tipos de energía que están interconectadas:
- Energía física: expresa nuestra capacidad de movimiento y realización de acciones en el plano físico. El cuerpo humano tiene su propia energía, pero diariamente necesita fuentes externas de energía, comida, aire, luz del sol, agua. Sin estas fuentes externas, el cuerpo humano no podría existir.
- Energía emocional: relacionada con el tipo de emociones y sentimientos que tenemos a cada momento. Hay un tipo de emociones negativas como el miedo, la preocupación, la ira, angustia, etc. que reduce nuestro nivel de energía, y otras emociones que llamaríamos positivas, como la empatía, la comprensión, la alegría, la serenidad, etc. Que nos hacen sentir más equilibrado y seguros.
- Energía mental: las creencias que tenemos y los hábitos adquiridos a lo largo de nuestra vida, determinan nuestros pensamientos y los pensamientos determinan nuestra calidad de la vida. Los pensamientos positivos son fuente de bienestar y crecimiento personal y nos proporcionan una energía elevada con una vibración de alta frecuencia que nos recarga y energetiza, mientras que los pensamientos desperdiciables y negativos atraen una energía de baja calidad e improductiva que nos cansa y debilita.
- Energía espiritual: Es el ultimo nivel de energía, y está conectado con la conciencia de las cualidades y valores innatos de alma. Está energía está influyendo directamente sobre las otras tres. Tiene una conexión con nuestra identidad y creencias. 
El alma humana también necesita recargarse a diario y para ello tiene que conectarse a una fuente externa de poder que no es física, la Energía Suprema que reside en el mundo del silencio eterno, en una dimensión más allá del tiempo y de la materia. A través de la práctica de la meditación podemos tener acceso a esta fuente ilimitada de energía espiritual.
¿Cómo interactúan estas energías?
La cuestión fundamental que hay que comprender es como la energía consciente (alma, espíritu), interactúa con las partículas inconscientes (materia), para producir y crear esta gran obra cósmica del Universo y la vida.
En realidad, cualquier cosa que podemos percibir proviene de dos fuentes: la que es detectada por los órganos físicos de los sentidos y la que proviene de las facultades del ser, es decir el pensamiento, los sentimientos, la creación de ideas, los deseos, y que a la vez van configurando nuestra personalidad individual. Estas facultades sutiles de la mente, la razón, el sentimiento y la personalidad, son manifestaciones de lo que se denomina consciencia.
El ser humano a sido capaz de comprender la materia lo suficientemente bien como para ser capaz de liberar la fuerza que la mantiene unida dentro de sus propios átomos para producir la energía nuclear. Imaginemos entonces el poder que existe dentro del “atma”, palabra de origen sánscrito, que significa ser o alma, y que se refiere a la energía consciente del ser humano, la cual podríamos representar como un punto de energía indivisible e indestructible de luz no-física.
La palabra atma tiene tres significados específicos, yo, el ser viviente y el residente. Dentro de esta única palabra obtenemos una comprensión de diferentes aspectos del ser: yo, el ser viviente, soy el que reside dentro de este cuerpo físico.
A partir de aquí, la pregunta ¿Quién soy yo?, queda clara. Soy el alma, el ser interior viviente e inteligente. Habito y le doy vida a cuerpo. El cuerpo es el medio a través del cual yo, el alma. Me expreso y experimento el mundo que me rodea.
Como energía el alma tiene en su interior cualidades, que son tanto masculinas como femeninas. Aunque el alma se ve afectada por el género de su cuerpo, el ser verdadero no tiene sexo. Las cualidades intrínsecas o innatas del alma son la paz, el amor, la felicidad, la verdad, el poder y la pureza.
¿Cómo reactivar la energía del ser?
Uno de los significados de meditación proviene de la palabra sánscrita “yoga”, que significa volver a unir, crear un nexo o vinculo ¿Con que y con quien? En primer lugar con el ser original y eterno; el alma, y en segundo lugar con la Fuente Suprema de todo poder y energía. Yoga significa recordar todas las cosas de valor que habían quedado olvidadas. Yoga significa recordar el ser original, la relación original y eterna con la Energía Suprema y recordar, mediante la experiencia, el significado verdadero de amor, paz y felicidad.
Puedes practicar el siguiente ejercicio de meditación para experimentar de nuevo ese estado de “Yoga” o “Unión” con las energías eternas del Universo.

A la hora de practicar la meditación, los siguientes pasos pueden serte de gran ayuda:
1. Encuentra un lugar tranquilo y relajado. Pon una iluminación y música suaves que puedan crear un ambiente adecuado.
2. Siéntate confortablemente con la espalda recta sobre el suelo o en una silla.
3. Mantén tus ojos abiertos y deja que tu mirada descanse en algún punto frente a ti. Puedes utilizar alguna imagen luminosa, como un paisaje de un atardecer, una vela, etc... Utiliza el punto luminoso para focalizar tu visión de una forma relajada, puede parpadear normalmente.
4. Suavemente, retrae la atención de todo lo que te rodea incluyendo los sonidos.
5. Conviértete en el observador de tus propios pensamientos. No intentes dejar de pensar, simplemente sé el observador, sin juzgar ni ser arrastrado por tus propios pensamientos, simplemente observa.
6. Crea un pensamiento para ti mismo, sobre ti mismo. Por ejemplo: "Soy un ser pacífico".
7. Mantén ese pensamiento en la pantalla de tu mente, visualízate a ti mismo en un estado pacífico, tranquilo y calmado.
8. Permanece tanto como puedas en la conciencia de ese pensamiento. No luches con ningún otro pensamiento ni recuerdos que puedan venir a distraerte. Simplemente obsérvalos pasar y vuelve al pensamiento creado, "soy un ser de paz".
10. Ahora visualiza un punto de luz, en el centro de tu frente, y en esa conciencia de paz, comprende que eso es lo que eres. Crea el pensamiento, “Soy un ser de luz, soy un ser de paz”, “soy un alma de paz”.
9. Reconoce y aprecia los sentimientos positivos y cualquier otro pensamiento positivo que surjan directamente de este único pensamiento.
10. Permanece estable en esos sentimientos durante unos pocos minutos. Sé consciente de los pensamientos que no tienen relación con esos sentimientos e ignóralos.
11. Gradualmente se ralentizarán y empezarás a sentirte más pacífico.
12. Termina tu meditación cerrando tus ojos durante unos breves momentos y creando un completo silencio en tu mente.

2 de julio de 2011

Inteligencia espiritual

Sabiduría interior en tiempos de cambio

El termino inteligencia proviene del latín “intelligentia” que a su vez deriva de inteligere. Esta es una palabra compuesta por otros dos términos: intus (“entre”) y legere (“escoger”). Por lo tanto, el origen etimológico del concepto de inteligencia hace referencia a quien sabe escoger: la inteligencia permite seleccionar las mejores opciones para solucionar un problema.
Existen tres niveles de inteligencia que un ser humano debería desarrollar para realizarse y vivir la vida con plenitud, en especial en estos tiempos de cambios profundos en nuestra sociedad.
La inteligencia racional u operativa. Es la que se nos enseña en las escuelas. La habilidad de razonar paso a paso e ir tomando decisiones en base a la información que vamos recibiendo. Esta inteligencia nos permite retener datos, procesar la información, relacionarla, e ir resolviendo situaciones practicas. Sin embargo aunque una persona tenga un alto cociente de esta inteligencia operativa eso no significa que vaya a ser capaz de crear unas buenas relaciones afectivas, encontrarle un sentido a la vida o ser más feliz.

La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer los sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. El término fue popularizado por Daniel Goleman, con su célebre libro: Inteligencia emocional. Goleman estima que la inteligencia emocional se puede organizar en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación, y gestionar las relaciones. Con esta inteligencia desarrollamos ciertas capacidades personales para resolver problemas que afectan a nuestras relaciones o la buena convivencia social.


La inteligencia espiritual: Danah Zoar (estudió física y filosofía y luego psicología y teología en Harvard) y su esposo Ian Marshall (psiquiatra), vinculan el concepto "espiritualidad" con el de "inteligencia".



Dicen que Inteligencia Espiritual es la “...inteligencia con la que afrontamos y resolvemos problemas de significados y valores, la inteligencia con que podemos poner nuestros actos y nuestras vidas en un contexto más amplio, más rico y significativo, la inteligencia con que podemos determinar que un curso de acción o un camino vital es más valioso que otro. La Inteligencia Espiritual es la base necesaria para el eficaz funcionamiento tanto del Cociente Intelectual como de la Inteligencia Emocional. Es nuestra inteligencia primordial”.
También seria la capacidad de dar una respuesta a la pregunta ¿Quien soy?, de encontrar un sentido profundo a la vida y permanece alineado con los principios espirituales.

Las características que definen una alta Inteligencia Espiritual incluyen (entre otras):
  • Capacidad de ser flexible (activa y espontáneamente adaptable)
  • Permanecer pacifico y estable con independencia de cuales sean las circunstancias.
  • Poseer un alto nivel de conciencia de sí mismo .Capacidad de afrontar y usar el sufrimiento para aprender y crecer.
  • Capacidad de afrontar y trascender el dolor.
  • La cualidad de ser inspirado por visiones y valores.
  • Concentrar la mente en pensamientos elevados.
  • Tener sentimientos nobles y compasivos hacia todos los seres humanos.
  • Marcada tendencia a preguntar “¿Por qué?” o “¿Y si?” y a pretender respuestas fundamentales.
  • Comprender el sentido de la obra de la vida.
  • Visión holistica del mundo.
En la dimensión espiritual hay cuatro niveles de conocimiento que se necesitan desarrollar para progresar:
a) Información: Requiere de las capacidad de escuchar, tener curiosidad e interés en aprender. Es necesario tener una mente abierta. Estar atentos. Necesitamos escuchar nuevas ideas porque de esta forma podemos desarrollar nuevas perspectivas.
b) Conocimiento: adquirir conocimiento espiritual significa reflexionar. Selecciono algunas de estas ideas y profundizo es su significado, ya que necesito entender. Sin entendimiento no habrá motivación para ponerlo en la práctica.
c) Sabiduría: Aplico las enseñanzas espirituales en mi vida. Adopto un compromiso en utilizar ese entendimiento en la acción. Aprendo a utilizarlo cuando surgen dificultades y problemas. La persona sabia sabe transformar el conocimiento en acción. Sabe utilizar las virtudes y los valores para resolver cualquier conflicto.
d) Verdad: ¿qué es la verdad? La verdad es Ser. Yo soy eso. La verdad por ejemplo es vivir plenamente consciente que soy paz, soy paciente, soy tolerante, soy compasivo. Hay algo estable que he sabido crear en mi interior, más allá de los cambios y las influencias de las situaciones externas.



Cuando pensamos en una nueva conciencia en nuestra sociedad, o de retornar a algo original, eso también significa desarrollar unos nuevos valores. Tal y como dijo el autor francés André Malraux, “El Siglo XXI será espiritual o no será”. Uno de los problemas en el mundo actual es que los valores son excesivamente materialistas o superficiales y esto no permite que el ser humano sea feliz, pacifico y tenga un propósito en su vida. 

¿Qué son los valores? los valores son un nivel o una ética de cómo vivir. Los valores dan una dirección a la persona o a una sociedad y también dan un sentimiento de identidad. Los valores son muy importantes tanto para el individuo como para los paises. Hay diferentes tipos de valores: personales, sociales y espirituales. Algunas veces van los tres de la mano, pero no siempre. Los valores políticos o religiosos están englobados en la categoría de valores sociales. Lo espiritual puede estar en lo religioso y en lo social pero no necesariamente. Lo que sucede con los valores espirituales es que con el transcurrir del tiempo se convierten en algo rutinario, no se practican, y pasan a convertirse en una tradición, es decir se vuelven superficiales.
¿Qué queremos decir cuando hablamos de valores espirituales? Son cualidades como la tolerancia, la compasión, el respeto, el perdón o la humildad. Conocemos muchas de estas virtudes pero no las practicamos. Se convierten tan solo en un valor social o religioso, pero no son realmente un valor espiritual en la gran mayoría de nuestra sociedad. Para que un valor sea espiritual ha de ser práctico y practicado. Lo sabemos pero no lo hacemos, lo oímos pero no lo escuchamos correctamente. Así que una nueva conciencia significa retornar al entendimiento personal y la práctica de estos valores espirituales.


La persona que ha desarrollado su inteligencia espiritual ha descubierto un nuevo lenguaje, el silencio, y se da cuenta que la vida tiene un sentido más profundo y trascendente. Experimenta su dimensión espiritual, se conecta con sus valores más auténticos, sabe reconocer la importancia de sus pensamientos y del impacto que estos crean en su entorno. La inteligencia espiritual es aprender a mirar en nuestro interior y crear paz y silencio en la mente. A través del silencio podemos conocernos en profundidad, y conocer mejor a los demás. También me permite saber quien soy, clarificar mi identidad espiritual y el propósito de mi existencia.