27 de mayo de 2013

LA MEDITACIÓN Y LA MOTIVACIÓN


La meditación, en la forma de reflexión y  análisis, nos ayuda a crear y mantener nuestra motivación. Para crear novedad en nuestra vida y desarrollar  claridad en la percepción, ideales y objetivos. Debemos soltar  el apego a los viejos hábitos  y las viejas formas de pensar y de observar el mundo. Esto nos permitirá crear un espacio para algo nuevo e inspirador.

La motivación es una energía interior  positiva, una combinación de entusiasmo y la  percepción clara de las situaciones, lo cual nos permite realizar con éxito una tarea en concreto.  La motivación  nos mantiene firmes y determinados en nuestro camino, sin distraernos por los problemas, las trivialidades o la pereza.  ¿Qué conseguimos con la motivación? Nos mueve de una realidad a otra, de donde  estamos a donde quisiéramos estar en un futuro próximo. La motivación se mantiene cuando se está cumpliendo en nuestra vida un sentido de propósito, identidad y contribución.

Cuando queremos reactivar nuestra motivación, tenemos que examinar lo siguiente:

·         ¿Qué quiero?
·         ¿Cuáles son mis aspiraciones?
·         ¿Qué es lo que valoro?
·         ¿Qué necesito?
·         ¿Qué me gusta?
·         ¿Qué entiendo?
·         ¿Qué es lo que amo?


Cuando nos sentamos a reflexionar sobre las respuestas a estas preguntas esto se convierte en la base para la activación de nuevas ideas y tareas, o para reactivar aquellas que habíamos dejado olvidadas. A lo largo de la vida, de vez en cuando es necesario dar un paso atrás,  permanecer en silencio y redefinir, reevaluar, y experimentar  una y otra vez  sobre lo que sabemos o creemos saber.  Es un ejercicio simple que  si se hace con sinceridad estimula  y renueva nuestro pensamiento, con lo cual la motivación se activa de nuevo. 



Por tanto, para cambiar o ampliar nuestros modelos necesitamos:
·         Redefinir
·         Reexaminar
·         Reorientar
·         Reaprender

Entonces se genera novedad,  creatividad y  calidad.  La motivación exitosa depende de tener objetivos claros. ¿Cuánto creemos en nuestros objetivos? La fe en nuestro objetivo determina la calidad del esfuerzo y la voluntad para afrontar los desafíos. La motivación se irá renovando con éxito cuando nos demos cuenta  que siempre existe la posibilidad de ejercitar el poder de elegir.

Otra pregunta que nos ayuda a mantener la motivación es: "¿Qué es realmente lo más importante para mí? ¿El producto o el  proceso?  El proceso implica crecimiento, desarrollo y aprendizaje; así como cultivar la conciencia y los recursos del ser y los demás. Si estoy más orientado al producto hay la tendencia  a poner el énfasis en el resultado,  sin  dedicar suficiente atención a los procesos subyacentes necesarios para lograr  ese resultado. El método de la  solución rápida, la fórmula del "éxito en siete días"  no funciona muy bien, al menos a largo plazo. Si nos fijamos en la naturaleza, vemos que su belleza y su fuerza son el resultado de la combinación del  tiempo y el proceso. Por ejemplo, un roble gigante, las rosas en un jardín, el cambio de las estaciones,  no ocurren  de forma instantánea.  Siempre hay que dedicar un espacio y tiempo adecuado para que los procesos puedan funcionar bien.

Para que un proceso tome lugar con eficacia, tengo que priorizar, es decir,  hacer el mejor uso posible de mi tiempo, energía y recursos.
Para priorizar también necesito reconocer y rechazar las  excusas inteligentes (por ejemplo, "no hay tiempo") y crear un calendario que sea realista y funcional. Cuando priorizo mis valores más profundos, entonces el tipo de motivación que surgirá como resultado de ello será más claro. ¿Mi motivación es  materialista o espiritual? Los resultados de una y otra son muy diferentes.


La motivación materialista
 Se basa en la ambición, la competencia y el deseo de conseguir un estatus social o profesional. A menudo creemos que no podemos tener éxito sin ellos y por ello el pensar y actuar toman lugar sobre la base de estos valores.  A menudo, los resultados conllevan conflicto,  miedo, apego,  celos,  posesividad y la  excesiva identificación del ser con un  rol o una posición, lo cual nos hace sentir amenazados por alguien que sea más talentoso o elogiado. Así por ejemplo, cuando la motivación es materialista, siempre hay el miedo a la pérdida que a su vez crea malestar, estrés y preocupación.


La motivación espiritual
Se basa en el entusiasmo por una tarea, en lugar de la ambición ciega, así como la cooperación con la singularidad de los demás, en lugar de  competir con esas diferencias. Por último, el sentimiento de servir a través de cualquier talento, posición o rol que tengo. Servir a una necesidad en lugar de explotarla es un servicio de calidad.
Los resultados de la motivación espiritual son el respeto, la armonía personal,  el bienestar colectivo, un sentido de propósito y la sensación de una profunda satisfacción en nuestro interior.

Tener motivaciones espirituales como  el cooperar, el compartir, mantener la integridad y el respeto creará calidad en el objetivo, la tarea y la metodología utilizada. La meditación, en forma de reflexión, nos ayuda a reexaminar y redefinir nuestros objetivos, los procesos y las razones por las que estamos haciendo lo que hacemos.