22 de agosto de 2012

Karma: la ley de causa y efecto


La ley de la acción y la reacción es una ley de la naturaleza, conocida como la tercera ley de Newton. Es la base de la mecánica clásica hasta hoy en día y nos dice que: “por cada acción hay una reacción igual y opuesta”.

A nivel espiritual existe también la acción y la reacción, conocida en India y otras culturas orientales como la ley del karma.  Lo que sembramos es lo que recibimos. Por tanto, si sembramos una semilla de mango no podemos esperar que nazca un melocotón, si sembramos semillas de odio (en pensamientos, sentimientos, actitudes) no podemos esperar recibir amor, respeto, y paz.

Un buen ejemplo para ilustrar como actúa la ley del  karma, es comprobar lo que sucede cuando echamos una piedra en un lago, se generan unas ondas que  finalmente alcanzan la orilla, retornando después al centro de donde partieron.

Los seres humanos estamos  irradiando energía constantemente. Emitimos pensamientos, emociones y sentimientos que transmiten vibraciones al entorno. Hay personas que irradian y otras que absorben esos sentimientos. La energía que emitimos alcanza a otras personas, y regresa a nosotros. En base a esta ley, debemos comprender que si en ocasiones la gente nos envía energía que no es muy agradable, quizás es debido a que en otro momento también les enviamos  ese mismo tipo energía, aunque haya tardado en regresar. Si siempre procuramos irradiar una energía positiva, de amor y respeto hacia los demás,  tarde o temprano esa energía retornará también a nosotros.

El poder de elegir
Si eres una persona bondadosa y amable y tienes un compañero de trabajo autoritario y agresivo, que te va poniendo clavos y chinchetas en tu camino, ¿Cuánto serás capaz de tolerar hasta que alcance la gota  que colme el vaso?                                                                                                                            Es nuestra elección sentirnos como una victima, un estudiante o un maestro de las diferentes situaciones y personas con las que interactuamos. En realidad la persona que se opone a nosotros deberíamos considerarla nuestro profesor. Nos está enseñando a ser más asertivos y a permanecer pacíficos y concentrados. La persona que sufre ese abuso de confianza tiene que aprender a ser más independiente y desarrollar auto-respeto.

Esto es lo que afirma la ley del karma: “donde hay conciencia hay una elección”. ¿Percibo la situación como un obstáculo o una oportunidad? ¿Considero que la persona que está impartiendo la lección como un profesor o como mi enemigo? Para crear un buen karma tengo que pensar: ¿qué puedo aprender de esta situación?

Libertad versus responsabilidad
El karma se confunde a menudo como una maldición o castigo. En realidad es la ley de la acción, la respuesta que damos a esa acción y las consecuencias de nuestras decisiones. Asimismo es el resultado de la responsabilidad o irresponsabilidad con que actúa la persona.  Es una energía que funciona de forma automática. La conciencia humana es como el microchip de un ordenador, que contiene la grabación de cada pensamiento y acción que realiza el ser humano. Ese registro determina nuestro futuro.

Uno de los principios del karma es: “somos los creadores de nuestro sufrimiento”. Sin embargo solemos culpar a otros por ello, y no aceptamos nuestra responsabilidad. Hemos de comprender que los demás pueden ser el estímulo, pero nunca la causa de nuestros sentimientos y emociones. Nuestro sentimientos son el resultado de como elegimos tomarnos lo que nos dicen y hacen los demás, y también de nuestras necesidades y expectativas particulares en ese momento.

Debemos aprender a tomar la responsabilidad de nuestras vidas, y eso nos dará más libertad. Nunca podré ser libre sino adopto esa responsabilidad. El karma no es una maldición de Dios, más bien diríamos que la persona se maldice a si misma con sus pensamientos, palabras y acciones. El amor, el respeto, la bondad, el perdón, la paciencia, son las actitudes positivas que hacen funcionar la vida en la buena dirección.  Aplicando estas y otras cualidades podemos ser los creadores de nuestra felicidad y  nuestro destino.

“La Vida es como el eco.
Lo que das—eso recibes.
Lo que siembras—eso cosechas.
Lo que ves en otros—es tu propio reflejo.
La Vida es como el eco, siempre te regresa lo que le das”.

26 de julio de 2012

¿Cual es la metáfora de tu vida?

Una metáfora es un juego de palabras que permite descubrir atributos comunes entre unas cosas y otras para crear nuevas sensaciones y percepciones, así como nuevas formas de expresar la visión que se tiene del mundo.

Casi todas las personas hacemos uso de las metáforas para describir  que es para nosotros la vida, ya sea  en el plano general o personal. Así por ejemplo, cuando el ser humano percibe el mundo como un lugar lleno de amenazas y dificultades utilizará metáforas como: "la vida es una carrera de obstáculos", o "este mundo es una jungla, solo sobreviven los más fuertes". Otras personas más pesimistas verán el mundo como una jaula o una prisión, o quizás incluso como "un valle de lágrimas al que hemos venido a sufrir".

Por el lado más positivo y agradable de la vida hay personas que perciben la vida como una aventura o un viaje, y siempre están buscando descubrir cosas nuevas y conocer nuevos lugares. Otros la consideran una escuela, un lugar donde venimos a aprender, crecer y evolucionar. También están aquellos que consideran la vida como un juego o una fiesta, un lugar lleno de oportunidades para divertirse, jugar y pasarlo bien.

Las personas que tienen una perspectiva del mundo más espiritual quizás ven la vida como un lugar de servicio, un campo de acción donde tienen que servir a un propósito elevado o cumplir una misión determinada, contribuyendo con ello a crear un mundo mejor. A su vez esto les facilita su crecimiento personal y el desarrollo de su espiritualidad.

Las experiencias, vivencias y relaciones que hemos tenido a lo largo de nuestra vida, así como las creencias que hemos ido desarrollando en nuestra conciencia debido a nuestra cultura y educación, han ido modelando la metáfora con la cual cada uno de nosotros le da un sentido y propósito a la vida.

Hoy voy a centrarme en tres metáforas, que me han ayudado a desarrollar una visión más espiritual de la vida, así como una mejor comprensión de este mundo, de las leyes espirituales  que lo gobiernan y la forma de relacionarme con el mismo.

1) "El teatro de la vida": Como afirmaba William Shakespeare; "El mundo es un escenario y todos los hombres y mujeres son meros actores".
En este mundo cada uno de nosotros tiene un papel que ha elegido y que está interpretando lo mejor que sabe. Un buen actor no se comparará con otros actores, ni tampoco irá juzgándoles o criticándoles por como ellos están interpretando su papel. Él se centrará en interpretar su papel lo mejor posible, y a la vez respetará y aceptará el papel que otros están interpretando. Al final de la obra el público le premiará con su aplauso y reconocimiento si represento su papel con excelencia y brillantez.
En nuestra vida cotidiana interpretamos muchos diferentes personajes a lo largo del día. Debemos procurar se impecables cuando desempeñamos nuestros roles y a la vez aprender a soltar y desconectar cuando la escena termine, sin indentificarnos con nuestro papel ni tampoco esperar alabanza o reconocimiento por nuestra actuación.

2) "Soy un invitado en este mundo": Cuando vamos a casa de unos amigos como invitados a una fiesta o a pasar unos días de vacaciones, nos sentimos libres de preocupaciones, ya que como invitados no tenemos el sentimiento que nada sea nuestra responsabilidad. Tan solo debemos poner atención y cuidar bien de todo. En esa situación vivimos más el presente y nos nos preocupamos, ya que sabemos que estamos ahí temporalmente, ya sea para unas pocas horas o días. También mantenemos en nuestra conciencia que nada de ese lugar nos pertenece. Se nos ha dejado todo en confianza para que lo usemos, pero como no le hemos colocado a nada la etiqueta del "mío", no nos apegamos a nada ni a nadie.  Cuidamos de todo como si fuéramos tan solo depositarios, sabiendo que al final de nuestra estancia lo tenemos que dejar todo en su sitio y devolver a su propietario en buenas condiciones.

3) "El tren de la vida": "Somos viajeros a través del tiempo". En esta metáfora vemos la vida como un viaje en tren, donde hay un inicio y un final del trayecto, que son el nacer y el morir. Al subirnos a este tren de la vida nos encontramos en un determinado compartimento con otros viajeros, nuestros padres, hermanos, parientes, etc., y nos unimos a ellos para viajar juntos durante un periodo de tiempo. Al transcurrir los años, nos damos cuenta que la vida en ese tren cambia constantemente. Unos compañeros de viaje se bajan y siguen otra ruta, se suben otros y se unen a nosotros durante otra etapa (amigos, compañeros, esposa, marido, etc). 

Como viajero que soy en el tren de la vida, procuro disfrutar de cada momento presente con intensidad, apreciar constantemente a mis compañeros de viaje y compartir con ellos todas las cosas hermosas de la vida, como el amor, la alegría o la sabiduría. Sin embargo el viajero nunca olvida que su viaje tiene un destino final, en el cual tendrá que bajarse del tren. Si durante mi vida he desarrollado mi conciencia espiritual, comprenderé en el momento que abandone el tren no es un adiós para siempre, sino tan solo un "hasta la vista", ya que tendré la claridad y comprensión que todos somos almas inmortales y eternas, y nuestro viaje continuará en otros trenes, en otras vidas, con otros compañeros de viaje o con los mismos, en el ciclo eterno de la vida.

15 de julio de 2012

¿Soy el creador de mi vida o una víctima de mis circunstancias?


Los seres humanos tenemos una facultad que nos distingue del resto de especies del mundo animal: la capacidad de crear nuestros pensamientos, palabras, actitudes y comportamientos. Somos seres con consciencia, lo cual significa, entre otras cosas, que podemos elegir a que le damos energía en nuestras mentes. Existe la expresión: “Así como piensas, así es tu vida”. Según es la calidad de nuestros pensamientos ello determina la calidad de nuestra vida. Cada ser humano crea su propia realidad según la elección que realiza a cada momento de acuerdo a su estado de consciencia. Nuestras vidas son del color de nuestros pensamientos, si pensamos cosas tristes, estaremos tristes; si pensamos cosas alegres, estaremos contentos; como vemos, nuestra vida depende de nuestros pensamientos, tal como piensas, así eres.

Hemos de darnos cuenta que no podemos cambiar las circunstancias que nos rodean ni la realidad que nos toca vivir, lo único que está en nuestras manos es elegir la forma en que respondemos a lo que nos sucede. No podemos cambiar nuestro pasado, no podemos cambiar el hecho de que la gente actúe de cierta forma, no podemos cambiar lo inevitable. Lo único que podemos hacer es jugar con la única cuerda que tenemos, y esa es nuestra Actitud. Afirma Charles Swindoll que la vida es 10% lo que nos ocurre y 90 % cómo reaccionamos ante ella.

Tal como afirma Steven Covey: “La esencia del ser humano es la capacidad de dirigir su propia vida”. El ser humano actúa, los animales y  los “robots” reaccionan. El ser humano es capaz de tomar decisiones basándose en sus valores. La facultad de elegir el rumbo de nuestra vida nos permite reinventarnos a nosotros mismos, cambiar nuestro futuro e influir con fuerza en el resto de la creación. 

“Entre estímulo y respuesta hay un espacio, en ese espacio reside nuestra libertad y nuestra facultad para elegir la respuesta. En estas elecciones residen nuestro crecimiento y nuestra libertad”.

La trampa del victimismo

Debido a la actual coyuntura socio-económica que en la que se encuentra nuestra sociedad hay un “club” que en la actualidad está aumentando su numero de forma exponencial. El “Club de la queja y el victimismo”.  Para ser admitido en este club es necesario demostrar que se poseen una determinadas actitudes, como por ejemplo: criticar, destruir, culpabilizar, enfadarse, controlar, reivindicar, insultar, agredir, etc.  Sin duda es muy legítimo querer formar parte de este club, sin embargo deberíamos preguntarnos a donde nos acaba llevando esas actitudes y comportamientos.

El resultado es que muchas personas acaban encerradas en un ciclo vicioso de victimismo que acaba generando unos sentimientos de frustración, desanimo, desesperanza y depresión.  Está bien protestar si vemos injusticias en el mundo, pero si solo hablamos de lo malo lo perpetuamos y acabamos en un callejón sin salida.

Como seres creativos que somos, con consciencia y capacidad de elección, debemos preguntarnos si hay otras actitudes más positivas y proactivas que nos permitan generar cambios en nuestro entorno a partir de nuestro interior,  dando nuevas respuestas creativas a las adversidades que estamos viviendo y a los retos y desafíos que nos plantea la vida.

Cuando cambiamos, el mundo cambia    
                                
Al enfocarnos en nuestro propio espacio interior, podemos ir desarrollando conocimiento y claridad acerca de nuestra verdadera identidad. De esta manera podemos diferenciar lo que hacemos, es decir, nuestros roles, de lo que realmente somos. Al conocernos mejor, nos daremos cuenta de que la manera en que nos vemos a nosotros mismos influye sobre la manera en que vemos el mundo. Si cambio la visión de mí mismo, el mundo cambia.

Si queremos conocernos, debemos aprender a observarnos. Conocernos significa darnos cuenta de que la forma en que nos vemos a nosotros mismos, influye en nuestra percepción del mundo que nos rodea. Conocernos significa tomar conciencia de la diferencia entre cuerpo y alma, entre ser y humano, entre forma y contenido. Conocernos nos permite retornar a la realidad de nuestra paz interior inherente y volver a experimentar amor genuino y espiritual hacia nosotros mismos mismo y - como consecuencia - hacia quienes nos rodean.

Siempre que sea posible, desconectemos unos momentos del mundo exterior y enfoquémonos en nuestro interior. Es en el silencio y la calma de nuestra mente donde nos daremos cuenta de cuál es nuestra verdadera naturaleza original,  la de un ser de paz. Así podremos permanecer en paz con nosotros mismos  con el mundo que nos rodea. A partir de este rencuentro con nuestro ser verdadero, podemos proyectarnos hacia nuestras relaciones y responsabilidades, en nuestro hogar y en el trabajo.

12 de julio de 2012

LIDERAZGO INTERIOR



¿QUÉ ES UN LIDER?

Un líder auténtico tiene metas y sueños bien definidos, y es capaz de transmitir su visión  y entusiasmo a otros a través del carisma que genera su compromiso con unos valores, así como la integridad y coherencia de sus pensamientos, palabras y acciones. Asume la responsabilidad plena de lo que sucede en su vida, no va culpando a otros por sus circunstancias, sino que tiene una actitud proactiva. Un líder también tiene un gran auto-control y seguridad en si mísmo, sabe vencer sus miedos y  guiarse por su intuición interior a la hora de tomar decisiones. 
Podría afirmarse que el liderazgo es el conjunto de capacidades que tiene una persona para influir en un colectivo de personas, motivándoles para que unan sus esfuerzos y consigan alcanzar sus objetivos comunes. En nuestra sociedad actual existe una necesidad de encontrar personas que sean un referente de valores éticos y humanos y nos aporten un nuevo modelo de liderazgo espiritual.

¿QUÉ ES EL LIDERAZGO ESPIRITUAL?

Un líder espiritual es aquella persona que ha realizado un profundo trabajo de auto-conocimiento a través de la introspección, el silencio y la meditación. A través de este proceso podemos aprender a conectar con nuestra verdad interior y nuestra esencia espiritual, donde residen los valores eternos de paz, al amor, la sabiduría.... El líder espiritual sabe escuchar la voz de su conciencia y su vida es la expresión permanente de esos valores espirituales. Actúa con profunda integridad y aplica el principio "debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo".  Por tanto sabe de la importancia de predicar con su propio ejemplo los valores, actitudes y comportamientos que quisiera ver en el mundo y la sociedad actual.

Esta breve historia acerca de Gandhi ilustra la importancia de mantener coherencia e integridad a la hora de transmitir un modelo de liderazgo espiritual a los demás:

"Cuenta una historia que en una ocasión una abuela llevó a su nieto ante la presencia de Gandhi. EL niño tenia un apetito insaciable por el azúcar, lo cual estaba poniendo en peligro su salud.
Por favor, ella suplico a Gandhi, dígale a mi nieto  que deje de comer azúcar, ya que él lo respeta mucho a usted, yo se que él le escuchará lo que le diga. Gandhi les pidió que se fueran y regresan en cuatro días.
Cuatro días más tarde regresaron la abuela y el nieto. Gandhi, mirando a los ojos del niño le dijo con autoridad: "Deja de comer azúcar, estás perjudicando tu cuerpo y tu salud".
Después de un breve silencio la abuela le preguntó a Gandhi. Señor, ¿Por qué nos pidió esperar cuatro días y regresar, si esto mismo se lo podía decir el día que vine?
Gandhi respondió: "Señora, hace cuatro días yo también tomaba azúcar y no podía hablarle con la autoridad de la experiencia a su nieto. Ahora si que puedo, porque hace cuatro días que dejé de tomar azúcar".

"CONÓCETE A TI MISMO"

Se dice que estas palabras estaban inscritas en la puerta del templo de Apolo en Delfos, lugar de culto de la antigua Grecia. A pesar que se suelen atribuir al filósofo Sócrates (470 a C. - 399 a C.), parece que su origen se remonta más allá del siglo VI a C. la importancia de este aforismo atemporal radica en que orienta a los seres humanos a que exploremos nuestra realidad interior, donde se encuentra todo lo que necesitamos para poner fin a nuestro sufrimiento y alcanzar la felicidad y plenitud que tanto anhelamos.

Debemos aprender a conocernos en dos direcciones, por un lado conocer y aceptar nuestra belleza y bondad, que son el potencial más elevado que hay en nuestro ser; pero al mismo tiempo conocer y aceptar nuestras debilidades e imperfecciones, para así intentar cambiar y mejorar. Cuando vamos descubriendo de nuevo quien somos podemos fortalecer nuestra positividad y terminar con la negatividad de nuestra personalidad. El silencio interior y la práctica de la meditación nos ayudan  a reencontrar un espacio en nuestra mente donde conectamos con nuestra esencia original de paz, verdad y amor.
Mediante el desarrollo del auto-conocimiento y la conciencia de nuestra identidad espiritual auténtica podemos ejercer de nuevo un liderazgo silencioso en nuestro entorno cotidiano, transmitiendo con nuestra actitud, visión y acciones aquellos valores que nos gustaría ver en el mundo.







14 de junio de 2012

La ciencia de la felicidad


Aristóteles, filósofo griego, afirmo en una ocasión: “La felicidad es el sentido y propósito de la vida humana”. Los científicos de nuestro tiempo también comienzan a reconocer su importancia.  ¿Qué nos puede aportar  la ciencia acerca de la felicidad?

Hay muchas observaciones que contradicen creencias habituales en nuestra sociedad sobre la felicidad. Por ejemplo, se ha comprobado que una vez cubiertas las necesidades básicas el tener más riqueza material no implica necesariamente que el individuo vaya a ser más feliz. De hecho se ha comprobado que las personas más felices son aquellas que han  tomado conciencia de sus propias cualidades, fortalezas y virtudes y las utilizan para el bienestar de los demás. Ciertos estudios en la psicología positiva demuestran una clara conexión entre realizar un buen trabajo y acciones desinteresadas que aporten beneficio a otras personas con el bienestar psicológico y emocional del individuo.

Hay también investigaciones sobre la llamada “química de la felicidad”. La serotonina es un neurotransmisor cerebral que juega un papel fundamental en nuestra experiencia de bienestar, satisfacción y felicidad. Se ha comprobado que muchas personas con depresión tienen  bajos niveles de serotonina. Hay formas de hacer subir los niveles de serotonina de forma artificial, como el consumo de café, chocolate o cigarrillos u otras sustancias como el triptófano. Sin embargo el consumo de estos productos produce un efecto “subida/bajada” y por tanto la persona  se vuelve adicta y dependiente de ellas. Lo mismo sucede con la TV, internet, el sexo o el alcohol. Una falta de serotonina puede en determinados momentos llevar a la persona a una pérdida del auto-control e incrementar las emociones negativas como el enfado y la agresividad.

Si aprendemos a redescubrir nuestra fuente interior de felicidad y nos liberamos de algunas de esas dependencias podemos hacer subir de nuevo nuestros niveles de serotonina de forma natural.

Las puertas por donde se escapa la felicidad

Debemos poner especial atención a una serie de puertas en nuestra conciencia por las cuales se puede escapar nuestra felicidad, y que son:


a)  Los deseos insatisfechos generados por la mente y las expectativas que surgen debido a los mismos. Cuantos menos deseos tengas más feliz serás.
b)   Exceso de pensamientos desperdiciables acerca de lo que sucede en nuestro entorno.

c)  Una baja autoestima, lo cual provoca una falta de aceptación y valoración personal. Se depende mucho de lo que otros piensan o dicen acerca de uno mismo.

d) No saber soltar el pasado. Falta de habilidad de perdonar y olvidar. Mantener sentimientos de desagrado, odio o rencor hacia otras personas.

e)  El apego y la dependencia de ciertas personas, las posesiones, o cualquier cosa temporal de nuestro entorno.


Decálogo para ser más feliz

1) Conócete, acéptate y valórate a ti mismo. Desarrolla todo tu potencial.

2) Las cosas esenciales de la vida son las que no se ven. La gratitud constante por lo que recibimos de la vida es la semilla de la abundante felicidad.

3) Uno es todo lo feliz que previamente el mismo se ha propuesto serlo. La felicidad es una elección y una decisión, no una lotería.
4) La actitud que adoptas ante la vida es lo que determina tu felicidad. Según como piensas, así es tu vida. Aprende a “ocuparte” sin “preocuparte”.
5) Cultiva el sentido del humor. Es esencial saber reírse de uno mismo.

6) Deja que el pasado sea el pasado. Perdónate a ti mismo y perdona a los demás.

7) Busca el equilibrio entre el “ser” y el “hacer”, el silencio y la acción. Dedica un tiempo a diario a la reflexión silenciosa y la meditación.
8) Toma la responsabilidad de tu vida. Acepta las cosas tal y como te vienen. Evita juzgar a los demás. Aprende a ser el observador imparcial de todo lo que sucede.

9) Fluye con el momento presente. El pasado es historia, el futuro es un misterio, pero el ahora es un regalo.
10) Cada día puedes crear felicidad en tu vida si buscas la forma de hacer felices a los demás.

14 de marzo de 2012

Los conflictos: ¿problema u oportunidad?


¿Qué es un conflicto?

El conflicto es luz y sombra, peligro y oportunidad, estabilidad y cambio, fortaleza y debilidad, el impulso para avanzar y el obstáculo que se opone. Todos los conflictos contienen la semilla de la creación y la destrucción. (Sun Tzu: “El arte de la guerra”, 480-211 a.c.).

Un conflicto es una divergencia percibida de intereses, o una creencia de que las aspiraciones actuales de las partes no pueden ser alcanzadas simultáneamente. (Rubin, Pruitt y Hee Kim, 1994).

Tradicionalmente la creencia popular consideraba el conflicto como algo negativo que habría que evitar.
Hoy en día, consideramos que el conflicto es un rasgo inevitable de las relaciones sociales y que todo conflicto puede adoptar un curso constructivo o destructivo, por tanto la cuestión no es tanto eliminar el conflicto sino saber gestionarlo de forma que salgamos enriquecidos.

Partimos de que el conflicto tiene  muchas funciones y valores positivos:

1.    Evita los estancamientos, estimula el interés y la curiosidad
2.    Es la raíz del cambio personal
3.    El conflicto es la semilla del cambio social
4.    Facilita la reconciliación de los intereses legítimos de las personas
5.    Ayuda a establecer las identidades tanto personales como grupales
6.    Ayuda a aprender nuevos y mejores modos de responder a los problemas, a construir relaciones mejores y más duraderas, a conocernos mejor a nosotros mismos y a los demás..

Por lo general, las personas que están involucradas en un conflicto, ya sea de intereses, valores, relaciones, etc., tienen la tendencia solo a ver el problema. Se piensa que es la otra parte quien tiene que cambiar y se suele adoptar la actitud de víctima.

Una aproximación espiritual al conflicto seria verlo una como oportunidad de cambio o transformación. Aprender a tener un enfoque positivo de la situación, ver lo que nos une en lugar de aquello que nos separa, buscar lo que funciona en lugar de criticar lo que no va bien, aportar soluciones en lugar de solo centrarse en los problemas y las dificultades, es decir, tener una visión constructiva.

Desprenderse del complejo de victima

La razón por la cual muchas de las teorías sobre la resolución de conflictos no funcionan es porque miran los problemas con una vieja forma de pensar (viejo paradigama), centrándose en aquello que nos separa, nos divide y nos enfrenta. Con este enfoque, la mente se queda atrapada en una actitud negativa. Se empiezan a buscar razones por la que sucede el conflicto, y se apunta el dedo hacia fuera, diciendo “tú tienes la culpa de lo que esta pasando” “esta es la causa del conflicto” “tienes que cambiar”. Esto provoca el surgimiento de una conciencia muy extendida en nuestra sociedad hoy en día, la conciencia de “victimitis”, ser una víctima de A o de B, de las circunstancias, del gobierno, de mi jefe, de mi cónyuge, etc.

Aquel que ante un conflicto tiene una mentalidad de victima nunca puede encontrar una solución al conflicto, ya que esa actitud nos bloquea e impide ser creativos y buscar una salida al problema.
Así, si por ejemplo, si hay una situación conflictiva con una persona que me está influyendo negativamente en mi vida, y estoy intentando solucionarlo, quizás cuando hablo con esa persona le digo: “Tú tienes que cambiar porque eres el responsable de este conflicto en mi vida”; y puede que la otra persona diga: ¿por qué tengo que hacerlo? ¿Por qué te afecta tanto lo que estoy haciendo? . Y si no cambia seguiré enfrentado a esa persona, criticando y quejándome de su comportamiento.


La actitud apreciativa

Una corriente nacida en los últimos años en Estados Unidos, plantea que para la resolución de conflictos tenemos que partir de una visión apreciativa del problema. Para ello es necesario que las personas aprendan a ir al interior de su alma, se deprendan de sus perjuicios del pasado y descubran sus valores espirituales, generando así una visión más comprensiva de la situación. Ello les permitirá tratar el conflicto como una herramienta de cambio, transformación y crecimiento.

11 de enero de 2012

Serenidad Mental: el poder terapéutico de la meditación



La meditación es una herramienta para mejorar nuestra forma de pensar. Si aprendemos a organizar y gestionar mejor la energía de nuestra mente eso a su vez repercutirá en todos los ámbitos de nuestra vida.
Otra capacidad importante que desarrollamos a través de la práctica de la meditación es el poder de tomar decisiones adecuadas en cada momento. Con cada decisión que tomamos vamos creando nuestra realidad presente y construyendo nuestro futuro. 
La base de las decisiones que tomamos es la capacidad de discernir, ¿Qué es lo más adecuado para esta situación o estas personas?; ¿Que es lo más justo? ¿Qué precio tendremos que pagar por estas decisiones? Para discernir y decidir con precisión necesitamos una mente serena y claridad en nuestro razonamiento. Debemos aprender a crear un espacio de silencio en nuestro interior, de forma que podamos escuchar la sabiduría que emana de lo profundo del alma.

Voces internas y el dialogo interior
En nuestra mente tenemos muchas voces que nos están hablando constantemente: la voz de la conciencia, la del ego, la de los deseos, la del pasado, la de los miedos. Otras son voces externas que entran en nuestro interior, ya sea la de nuestros familiares, compañeros de trabajo, medios de comunicación, los amigos, etc. Todas estas voces internas y externas nos pueden provocar a menudo un estado de confusión y debilidad, lo cual repercute en nuestra capacidad de discernir. Eso nos dificulta tomar decisiones. Debemos practicar la atención sobre nuestra mente para no dejarnos llevar por la voz de nuestro saboteador interior, que suele actuar creando excusas, dudas, quejas o haciéndonos desistir de nuestros propósitos.
La meditación nos ayuda a fortalecer la mente y a pensar con más claridad, pensar con sentido y significado; para crear pensamientos de calidad basados en una motivación sana y constructiva.  Así podemos vivir con más consciencia y armonía interior.

Actitudes de las personas conscientes, estables y equilibradas
1)     Saber permanecer calmadas e introvertidas. Son observadores imparciales de las situaciones. No juzgan sino que actúan.
2)     Toman responsabilidad de sus vidas: Si les vienen pensamientos y sentimientos negativos no van culpando a los demás. Han desarrollado el poder de elegir lo que quieren a cada momento. Saben dar respuestas equilibradas a cada situación.
3)     Dejan ser y no intentan controlar a los demás. Entienden que cada uno está interpretando su papel en el teatro de la vida. Se centran en interpretar el suyo lo mejor posible.
4)     Permanecen honestas y son coherentes. Su pensar, hablar y actuar son lo mismo. Esto genera confianza en sí mismas y los demás también confían en ellas. Piensan y hablan menos y actúan más.
5)      Debido a que tienen un profundo respeto hacia ellas mismas han aprendido a respetar a todo el mundo y no van mendigando por el respeto de los demás. Saben que la forma de recibir respeto es darlo primero.
6)     Aceptación; Quien quiera que aparezca en su vida, cualquier cosa que esté sucediendo, lo aceptan, no se resisten a nada ni nadie. Esto no significa que estén de acuerdo con ello o que se resignen, pero no intentan cambiar lo que no pueden cambiar. La cualidad de la aceptación crea en ellas un sentimiento de libertad interior que les permite avanzar en sus vidas en base a la energía del amor en lugar del miedo y las resistencias.
7)     Son consistentes y constantes, no se detienen ni se cansan. Mantienen su meta enfrente suyo con claridad. Tienen la actitud de ser estudiantes y de aprender de todo lo que sucede cada día.
8)     Saben escuchar lo profundo de su ser y permiten que sea la voz interior de su intuición y sabiduría quien guie el barco de su vida.

27 de diciembre de 2011

Explorar el presente, diseñar el futuro, ser creador de tú destino


Cuando un año termina y otro se inicia se despierta en la conciencia de muchas personas un deseo de renovación y cambio. Surge el pensamiento de hacer una limpieza de las cosas viejas que guardamos en los armarios de nuestras vidas e introducir alguna novedad, algún cambio positivo que nos lleve a un estado de mayor bienestar y felicidad. En este artículo voy a  exponer  de una forma sencilla y clara un método para que esos nuevos propósitos que hacemos al empezar el año no se diluyan al cabo de poco tiempo y acaben en el baúl de los olvidos.
Lo primero que nos tenemos que preguntar es si tenemos el verdadero deseo de salir de nuestra área de comodidad y plantearnos nuevos retos de aprendizaje y desarrollo personal. Lo hermoso y arriesgado de la vida moderna es que tenemos que seguir avanzando en la dirección que nos hayamos propuesto, o de lo contrario serán los demás quienes nos moverán en la suya. Si no sabemos lo que queremos es probable que acabemos haciendo lo que otros quieren que hagamos.
“Un objetivo es un sueño con piernas”. ¿Qué significa esto? Los objetivos nos hacen avanzar. Es básicamente el estado o el resultado deseado por una persona. Es la respuesta a la pregunta: ¿Qué es lo que quiero? El poder de la definición de objetivos reside en que fija nuestra atención y centra los pensamientos.
Cuando nos marcamos un objetivo, este tiene que ser valioso, debe expresar nuestros valores más profundos, de lo contrario no desarrollaremos la motivación necesaria para alcanzarlo.
Un objetivo puede considerarse bien formulado cuando cumple las siguientes condiciones:

1.      Debe ser expresado en términos positivos
Todo objetivo-resultado debería ser formulado en positivo, describiendo lo que queremos en lugar de lo que no queremos o deseamos evitar. Por ejemplo, en lugar de decir: “No quiero sentir de nuevo ansiedad”, “No quiero enfadarme con mis compañeros de trabajo”, sería mucho más aconsejable pensar en lo que queremos, ya bien sea sentirse más relajado y tranquilo o bien desarrollar comprensión y empatía hacia los demás.
Preguntas a formularse: ¿Qué es lo que exactamente quiero? ¿Qué supondrá para mí ese objetivo?

2.      Tiene que ser concreto
En algunos casos eso resulta fácil, por ejemplo quiero ganar dos mil euros al mes, quiero cambiar de coche, etc. Pero con los objetivos abstractos o intangibles requiere un poco más de esfuerzo. No resulta fácil ser más concreto cuando decimos que queremos incrementar nuestra autoestima o mejorar una relación. En estos casos lo mejor es ser específico en relación con las pruebas que nos permitirán saber que hemos logrado el objetivo.  Por ejemplo, si el objetivo-resultado es tener más autoestima, podemos decir que eso significará que no me afectaré por la opinión que otros tengan de mí, incluso si me critican o insultan.
Pregunta a formularse: ¿Qué veremos oiremos o sentiremos cuando alcancemos el objetivo?
También debería concretarse la temporización del objetivo: ¿Cuándo vamos a tardar en conseguir ese objetivo?; ¿Cuándo lo queremos alcanzar?

3.      Con evidencia de proceso
Será importante definir de antemano las pruebas que nos permitirán saber que estamos bien orientados y cuando hemos alcanzado el objetivo. Para ello necesitaremos feed-back constante. Por ejemplo para un profesor el feed-back será la calidad de la sintonía que establece con sus alumnos, las pequeñas señales que percibe de que los alumnos tienen interés, se esfuerzan y aprenden.
Preguntas a formularse: ¿Cómo mediremos nuestro progreso hacia el objetivo? ¿Cómo sabremos que lo hemos alcanzado? ¿Cómo sabrás que estás en buen camino hacia el objetivo?

4.      Abundante en recursos
Hay dos tipos de recursos; los disponibles y los adicionales. Los primeros son aquellos que ya tenemos al alcance ahora. Los segundos son los que debemos implementar, desarrollar, aprender o incorporar, pues no están aquí todavía.
Los recursos pueden ser objetos, personas, tiempo o cualidades personales.
Preguntas a formularse: ¿Qué recursos vamos a necesitar para alcanzar ese objetivo? ¿Dónde encontraremos los recursos que necesitamos?

5.      Ecológico
Ecología quiere decir que para cualquier objetivo que consigamos deberemos pagar cierto precio. “Tengo pareja, pero ahora tengo que negociar con ella que película vamos a ver”.
Ganar implica siempre renunciar a algo, luego conseguir el estado deseado me va a costar cierta inversión.
Preguntas a formularse: ¿Cuáles son las consecuencias para otras personas? ¿Cuál es el coste en tiempo, dinero y oportunidad? ¿A que podrías tener que renunciar?

6.      Auto-responsabilizado
Significa ser proactivo. Este principio es de aplicación al viaje, no al destino final. Para alcanzar eres tú quien tiene que actuar, no otra persona. Por lo tanto deberemos dejar de lado cualquier otro objetivo que solo dependa de otras personas.
Preguntas a formularse: ¿hasta qué punto controlas ese objetivo? ¿Qué harás para alcanzar ese objetivo?

7.      Realista y con un tamaño adecuado

 8.      Preparar un plan de acción
Eso es lo que convierte un sueño en un objetivo. Cuando definimos los pasos hacia nuestros objetivos, le estamos poniendo piernas a  nuestro sueño. El plan de acción fracciona el objetivo en pasos más pequeños, haciéndolo más manejable.
Para definir el plan de acción y llevarlo a la práctica necesitamos conocer nuestros valores.

¿Qué son los valores?
Los valores son las cosas que más cuidamos en la vida, aquello que realmente es importante para nosotros. Son el centro de lo que somos, auténticos motivadores y la base de nuestra visión y decisiones.
Los valores son estados mentales y principios de acción. Por lo general son abstractos, como por ejemplo la libertad, honestidad, respeto, amor, seguridad, amistad, etc.
Preguntas a formularse: ¿Qué es para ti importante en relación con…? ¿Qué es lo que te importa a ti en esto?


  “No basta con dar pasos que han de conducir un día a una meta; cada paso debe ser en sí mismo una meta que al mismo tiempo nos hace avanzar.
                                                                                                                            Goethe            

29 de septiembre de 2011

Estabilidad personal en tiempos de crisis



En estos tiempos en que la inestabilidad profesional y personal parece que se ha instalado definitivamente en nuestras vidas, constatamos la aparición en nosotros mismos y en los demás de todo un conjunto de sentimientos y emociones que de dejar que nos introduzcan en una espiral de desencanto y pesimismo pueden llegar a paralizarnos en nuestro quehacer diario a la vez que influir de manera negativa en nuestros proyectos futuros.

Hoy más que nunca es importante buscar y mantener  una actitud flexible y positiva ante los inconvenientes que se nos presentan, a la vez que hemos de intentar buscar aquellas pequeñas estrategias que pueden mejorar nuestro entorno cotidiano sin olvidar que  cada uno de nosotros a contribuido de alguna forma u otra  a crear la realidad en la que vivimos  en la actualidad, porque juntos hemos creado el consumismo y el materialismo de la sociedad de nuestros días.

El Paradigma materialista en el que vivimos la mayoría de seres humanos en nuestra civilización, está basado en seguir tomando y consumiendo de la sociedad y de la naturaleza, sin pensar que  nuestra relación con el entorno debería estar basada, como en toda relación de carácter positivo, en un dar y recibir. Se cae con demasiada facilidad en el “yo necesito”, y por tanto solo se piensa en tomar, y satisfacer nuestras necesidades y las de aquellos más cercanos. Este paradigma se basa en el principio “sigue tomando de lo que hay ahí fuera, y no pienses en el mañana”. Continuar teniendo como base esta manera de ser y actuar tan solo conseguiremos consumir hasta su finiquitad los recursos sociales y naturales de que disponemos.

Otro paradigma es posible, el llamado espiritual que nos dice que en nuestro interior hay muchos recursos, y si aprendemos a ser conscientes de ellos ya no va a ser tan necesario seguir  tomando del exterior. El paradigma espiritual nos dice: “empieza a trabajar desde tu interior”. En la medida que voy conociendo en profundidad mi identidad espiritual, puedo conocer la verdad y los valores que hay en mi interior y como consecuencia directa tendré más confianza en mi mismo, mejorar mi autoestima y me sentiré más estable en todos los aspectos de la vida.

Hemos de aceptar que una de las leyes de la naturaleza es que todo cambia constantemente y que estos cambios son necesarios. Mi cuerpo cambia cada dia que pasa, mis relaciones también, y la calidad de mis circunstancias no permanecen siempre igual, sin embargo, en mi ser interior puedo encontrar un punto de estabilidad que me permita afrontar y asumir estos cambios con el menor gasto emocional y personal posible. En todo huracán, hay un punto en el centro de la tormenta donde se está a salvo. Ese es un espacio de calma que simboliza el aprender a ir hacia el interior cuando los vientos de las circunstancias y situaciones soplan con mucha fuerza. Ese centro de estabilidad interno es un punto de calma que nos permite descubrir la paz y la armonía que hay en todos nosotros. El primer paso si quiero conseguir estabilidad en la vida es dedicar un tiempo para mi mismo, para conocerme mejor y descubrir esas potencialidades y recursos internos de que todos disponemos. El camino del crecimiento personal nos dice ”conócete a ti mismo”. Conocernos en dos direcciones, por un lado conocer y aceptar nuestra belleza y bondad que son el potencial más elevado que hay en mi ser; pero al mismo tiempo conocer y aceptar nuestras debilidades e imperfecciones para así intentar mejorar. Cuando se sabe quien se es, podemos fortalecer nuestra positividad y reducir la negatividad. El silencio interior y la práctica de la meditación nos ayudan a reencontrar un espacio en nuestra mente y recuperar la paz que nos permite conectamos con nuestra esencia espiritual. 

19 de septiembre de 2011

Valores en la Educación





Viendo el estado actual de nuestra sociedad en la cual dominan unos valores cada día más materialistas, a buen seguro que más de uno se planteará las siguientes preguntas; ¿está evolucionando nuestra sociedad en el plano ético y espiritual al mismo ritmo que lo está haciendo la ciencia y la tecnólogia? ¿Hacia que futuro se está encaminando nuestro mundo?; ¿Es el hombre bueno por naturaleza, o bien como decia el filósofo Hobbes, el hombre es un lobo para el hombre?
Considero esencial el tratamiento de éste aspecto, ya que si decimos que el ser humano tiene como naturaleza intrinseca una serie de rasgos negativos, como la ira, la agresividad, el egoismo, etc., entonces no creyendo en la naturaleza intrinsecamente buena y pacífica del ser humano, nos será realmente dificil concebir que pueda existir una sociedad en la que no hayan guerras, desigualdades, odios, competición, etc., ya que si consideramos esos rasgos de violencia o egoismo como inherentes a la naturaleza humana, la conclusión a la que llegaremos será que es inevitable que existan esos conflictos entre los pueblos y las naciones.
Por otro lado, sería posible concebir una sociedad pacífica si aceptamos como válido el planteamiento de que el ser humano es bueno y pacífico por naturaleza, y que es el entorno hostil en el que crece y se desarrolla el que le puede influir negativamente y crear unos rasgos violentos o agresivos en su personalidad. Así por ejemplo, si un niño recibe un amor incondicional de sus padres en su infancia, es muy problable que habiendo desarrollado su lado afectivo durante esos primeros años de su vida, en el futuro eso ayudará a que su naturaleza sea más sociable, amistosa y pacífica que la de otros niños que hayan crecido en ambientes faltos de ese amor que es tan esencial durante los primeros años de su vida para el buen desarrollo de su autoestima. Hoy en día son muchos los  psícologos que coinciden en afirmar que los siete primeros años de la vida de un niño son de gran importancia a la hora de configurar su futura personalidad y su equilibrio emocional y afectivo.
Por ello son de gran importancia los valores que se le transmitan al menor en esa edad, ya que los valores son como el corazón de nuestra personalidad, y lo que determinan aquello que es lo más importante para nosotros en esta vida, motivando nuestras decisiones y comportamiento y en definitiva, marcan el rumbo que adoptamos en nuestra vida.
Hoy en día, vivimos en una cultura que valora más el hacer, tener y aparentar que no el ser (ser una persona integra, educada o humilde es algo que muchas veces la gente no valora en su justa medida), y en donde los valores más materialistas (posesividad, competitividad, acumulación de bienes o dinero, etc,) se aprecian más que los espirituales (altruismo, solidaridad, generosidad, etc.). Entonces lo que ocurre es que si los valores que son más importantes para la mayoria de la sociedad son los materiales y además son los que constantemente se están fomentando en los medios de comunicación, la escuela, etc., eso no llevará irremediablemente a que su influencia se esparza a todos los ámbitos de nuestra sociedad, influyendo desde los más jovenes a los más mayores y creando un tipo de cultura que solo busca el enriquecimiento rápido, la acumulación de riqueza, el culto a la apariencia física y el placer de los sentidos.
Sin embargo, parece cada vez más evidente que todas las posesiones materiales y las riquezas físicas no proporcionan una verdadera felicidad, si su utilización y disfrute no va acompañado de una sólida formación ética y espirtual. Y eso viene demostrado por elevado número de personas  que día a día están buscando el restablecimiento de unos principios éticos y espirituales que gobiernen la conducta del ser humano. De ello parecen incluso estar tomando conciencia los diferentes gobiernos de las naciones, quienes se están dando cuenta que  es a través de la educación como más se puede influir en restablecer unos valores positivos. Prueba evidente de lo que decimos es la reciente Reforma Educativa habida en nuestro pais, la cual concede una importancia mucho mayor al area de los ejes transversales, en la cual está incluida la educación en valores.

EDUCAR PARA LA VIDA

Cuando decimos educar en valores, ¿a qué valores nos referimos?; ¿Existen unos principios o valores que pudieramos llamar universales e inmutables, que trasciendan a la variedad de culturas, nacionalidades y religiones existentes en el mundo?
Todo ser humano posee unos valores innatos que se expresan de forma diferente de acuerdo a la identidad individual de cada uno. Luego las personas intregradas en grupos sociales también mainfiestan unos valores comunes (de acuerdo a unas mismas mismas pautas culturales). Así pues, podemos observar como cada pais y nación expresan una serie de valores, los cuales se han creado por algo que ha sido común en los integrantes de esa nación.
Sin embargo, lo que sucede hoy en día es que nos hemos desconectado de la fuente de la que vienen esos valores, y entonces esos valores no se viven, y eso es como trabajar en la oscuridad. Por tanto si ahora queremos despertar de nuevo nuestros valores debemos de regresar a la fuente, es decir hacia nosotros mismos. Cada uno de nosotros tiene tiene esos valores en si mismo, y si experimentamos con ellos podremos saber lo que son y los viviremos. Si queremos entender los valores debemos comprender que ha llegado el momento de entendernos en primer lugar a nosotros mismos.
Así pues, los valores dan una dirección a una sociedad y también dan un sentimiento  de identidad. Hay diferentes tipos de valores: personales, sociales y espirituales. Los valores personales y sociales vienen determinados por el entorno social, religioso, cultural e ideólogico en el que hemos nacido y nos hemos educado.Pero los valores espirituales como la tolerancia, el amor, la paz, el respeto, etc. vienen de lo que llamamos principios de la vida, que son leyes eternas e inmutables, que rigen en todo el Universo.
Estos principios de la vida lo podemos encontrar en el interior de cada ser humano y están motivando nuestras acciones y decisiones a cada momento. Para mantener vivos esos valores primero que todo hemos de revisar nuestro comportamiento, e incluso antes que eso poner atención a hablar y pensar correctamente, ya que los pensamientos son la semilla de nuestras acciones.
En latín, educación significa “educere”, que quiere decir hacer emerger, sacar lo mejor del interior hacia afuera a través del conocimiento espiritual y el silencio. Sabiduria y silencio, estas son las dos alas del aprendizaje y con ellas podemos volar muy alto.

El silencio lo podemos practicar de tres formas:
1) Reflexión: que es pensar en profundidad. Cuanto más a lo profundo de una idea voy, más puedo obtener una mejor comprensión  de la misma y mejor decisiones podré tomar.
2) Concentración: Viene de la reflexión, y viene cuando empiezo a permanecer estabilizado en un pensamiento o una idea, obteniendo finalmente una experiencia.
3) Quietud: El silencio es quietud, que quiere decir un foco puro, una atención pura, la mente no crea pensamientos. No solo está concentrada sino que también está experimentando.
Para alcanzar esa experiencia de silencio que me lleve a hacer emerger esos valores innatos, en primer lugar necesito tener un conocimento apropiado acerca de la verdadera naturaleza de mi ser, mi verdadera identidad, que es la de un ser espiritual. Nosotros no somos seres humanos que que estamos buscando tener una experiencia de lo divino, sino que somos seres espirituales que estamos teniendo una experiencia en el mundo humano.
Redescubriendo esa identidad espiritual a través de la reflexión y la meditación, podemos elevarnos de nuevo a una conciencia más libre y ilimitada, lo cual puede ser un camino para la transformación de todo el pesar y sufrimiento que parte de nuestro mundo está experimentando en la actualidad. Es en la transformación de cada uno de nosotros es donde se encuentra la clave para convertir nuestro planeta en un lugar más pacífico, libre, justo y armonioso.