10 de julio de 2016

EL PODER DE LA PACIENCIA


La paciencia es un arma poderosa para conseguir aquellos objetivos a largo plazo que nos propongamos en la vida.  Merriam Webster define la paciencia como mantener la constancia a pesar de la oposición, dificultad, o adversidad. Una persona que es paciente percibirá las adversidades y los obstáculos como un reto y estímulo para seguir perseverando en alcanzar su propósito. La paciencia no es una sumisión pasiva sino una postura activa ante los retos de la vida.

La naturaleza nos da ejemplos muy sabios de cómo todo tiene su proceso y necesita de su tiempo para dar sus frutos. Así por ejemplo, el bambú japonés nos enseña una lección importante.  Esta planta no sale a la superficie hasta transcurridos siete años después de plantarla. Una vez transcurrido ese periodo el bambú crece más de treinta metros en tan solo seis semanas. Durante los primeros siete años el bambú se dedica a fortalecer y desarrollar sus raíces, lo cual luego le permitirá crecer tan alto y deprisa en tan solo seis semanas. Si fuésemos un jardinero inexperto podría suceder que al no ver crecer el bambú durante esos siete años lo dejaramos de regar y cuidar. Entonces el bambú acabaría muriendo debido en parte a nuestra impaciencia e ignorancia.

Este ejemplo refleja lo que muchas veces nos pasa en la vida. Si nuestras metas son ambiciosas requieren de tiempo, perseverancia y dedicación. Sin embargo vivimos en una época de la inmediatez y de la cultura del logro fácil, rápido y sin esfuerzo. Esto provoca que la virtud de la paciencia no se fácil de vender y por tanto no tenga muy buena prensa. Nuestra sociedad busca resultados inmediatos y gratificación instantanea. Si los resultados son rápidos el producto se vende bien. Lo lento y constante tiene menos mercado. Si algo lleva tiempo conseguirlo es muy probable que no tenga ningún espacio publicitario. Sin embargo algunos cambios positivos e importantes requieren de una transformación de hábitos y sistema de creencias, lo cual requiere de tiempo y constancia.

Mantener claro el propósito y sentido de dirección

La formula del éxito seria combinar la paciencia junto la perseverancia , la fe y la determinación en lograr nuestra meta, ya sea en el ámbito personal, profesional o familiar. Para ello una serie de aspectos a tener en cuenta y que nos pueden ayudar a cultivar la paciencia serian:

- Hacer pocas cosas y bien ejecutadas, con eficacia y efectividad. Pequeñas acciones pueden crear diferencias significativas.

- Organización alineada: alinea tu propósito, valores, visión y acciones.

- Constancia y persistencia en tus hábitos: crea tus rutinas diarias y fija tus prioridades.

-  Libérate de todo aquello que sea una carga y no esté alineado con tu visión; ya bien se trate de relaciones, compromisos o actividades que sean improductivas y/o innecesarias. Simplifica tu vida.

- Mantente en la ruta y persiste en tu plan: perseverancia, constancia, paciencia y enfoque claro son la clave del éxito.





14 de junio de 2016

EL ARTE DE LA NO ACCIÓN; HACER MENOS, LOGRAR MÁS

Un hábito bastante extendido en nuestra cultura es lo que podríamos llamar la sacralización del esfuerzo: Como reza el dicho: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, y eso se relaciona con la creencia que el trabajo tiene que estar lleno de esfuerzo y a veces incluso de cierto sufrimiento, o que si trabajas más horas vas a rendir más y mejoraras la productividad. Estas normas asumidas en nuestras sociedad nos llevan a sobrevalorar el esfuerzo y la acción, mientras que actividades como la creatividad, la contemplación y la reflexión quedan infravaloradas.


Atrapados en el hacer, sin tiempo para la reflexión

Si alguna vez hemos sido sorprendidos inmóviles, en plena reflexión o en un proceso de creatividad mental, es probable que nos hayamos dejado llevar por la tentación de iniciar cualquier tipo de movimiento para dar la impresión de actividad. Sucede que en muchas ocasiones, debido a ciertas creencias existentes en nuestra sociedad, tenemos que dar la imagen de ser una persona muy ocupada, ya que esto se asocia con ser alguien importante. Lo malo es que la actividad sin conciencia se puede acabar convirtiendo en un correr de un lado para otro sin un claro sentido de propósito ni dirección. Uno permanece tan ocupado con lo que hace que puede llegar a olvidar porqué y para qué lo hace.


¿Qué es la no acción?


La no acción no tiene nada que ver con la dejadez o la pasividad. Practicar la no acción requiere mucha sabiduría y coraje. Las personas que siempre están ocupadas haciendo cosas podrían considerar la no acción como una amenaza para sus intereses. Sin embargo con la práctica puede que la persona acabe descubriendo que se consigue hacer más, e incluso mejor  practicando la no acción. No acción significa permitir que las cosas sean y se desplieguen a su propia manera. 

Cuando nuestra mente se calma nuestros pensamientos se hacen más claros y eficaces, y de esta forma podemos lograr más éxito con menos esfuerzo.  Toda acción se inicia con un pensamiento; por tanto en primer lugar debemos sembrar las semillas del éxito en nuestra mente.  De esta forma podemos crear las condiciones favorables para que con la influencia de nuestros pensamientos positivos y una visión elevada, otros actúen de la forma que sea más beneficiosa, tanto para ellos mismos como para los demás.


Meditación y no acción


Meditar es sinónimo de practicar la no acción. Como afirma Jon Kabat Zinn, no practicamos para conseguir que las cosas sean perfectas, ni para lograr hacer las cosas a la perfección. Más bien practicamos con el fin de comprender y experimentar de forma directa que las cosas ya son perfectas tal como son. Esto está relacionado con sostener el momento presente con toda su plenitud sin añadir nada extra, percibiendo su pureza y el fresco potencial que tiene para dar lugar al momento siguiente.


Práctica:


Detente, observa, aprende, inspírate:


A lo largo del día intenta percibir la plenitud del momento presente, tanto en los momentos rutinarios como en los más complicados y difíciles. Practica la actitud de permitir que las cosas se desplieguen en tu vida, sin forzar que ocurran y sin rechazar las que no encajan con tu idea de lo que debería estar ocurriendo. Practica la aceptación incondicional de todo lo que sucede, intentando a su vez percibir y valorar que cada momento es absolutamente preciso, como debe de ser, y que cada persona es un actor en la maravillosa obra de la vida, interpretando el papel que les toca de acuerdo al guión establecido.










8 de junio de 2016

MANEJAR LA EXPECTATIVAS


Vivimos en un mundo de numerosas expectativas. Hemos generado una estructura de sociedad que nos hace dependientes de un gran numero de posesiones, conforts y facilidades. Nos podríamos preguntar: ¿qué pasaría si mañana dejaran de funcionar nuestros transportes, el suministro de luz y con ello nuestros ordenadores, internet, electrodomésticos, o nuestros indispensables smarthpones? Probablemente nuestra sociedad colapsaría y se sumergiría en el caos.



Damos por hecho que cada mañana nuestro teléfono tiene que funcionar, nuestro coche tiene que arrancar, nuestro ordenador tiene que conectarse a internet, etc.   ¿Pero cómo reaccionamos cuando alguna de esos soportes externos nos falla? ¿Sabemos mantener la calma, ser creativos y encontrar un plan B o nos quedamos bloqueados?



Por otro lado hay todo un mundo de expectativas que creamos en el ámbito de nuestras relaciones, padres que esperan de sus hijos sean abogados, tenistas, futbolistas, médicos, etc. Hijos que esperan que sus padres les mantengan y les ayuden económicamente. Maridos que esperan que sus esposas  cuiden de sus hijos, les tengan la comida preparada cada día, y la ropa bien planchada. Esposas que esperan que sus maridos las escuchen, las comprendan y les ayuden en sus labores domésticas y la educación de sus hijos…. Podríamos elaborar una larga lista de necesidades físicas, emocionales y espirituales que esperamos que otros sepan comprenden y satisfacer. Sin embargo muchas veces no sucede así y entonces, ¿como reaccionamos?



Aprender a soltar



¿Es erróneo tener expectativas? ¿es posible vivir sin ellas? Es evidente que nuestra interacción con los demás se basa en un dar y recibir y ello también comporta una serie de derechos y de responsabilidades. Sin embargo es también importante darse cuenta que muchas veces no podemos forzarles a que cumplan nuestras expectativas. El uso del control y la fuerza tienen unos resultados limitados y a corto plazo. Por tanto es mejor aceptar que en la mayoría de ocasiones no podemos controlar el comportamiento de las personas con quien nos relacionamos habitualmente.

Opino que es positivo tener expectativas positivas y esperar lo mejor de otros. Que muestren su mejor cara a diario o que consigan alcanzar sus objetivos. Pero a la vez hemos de estar preparados para lo inesperado y de igual manera aprender a soltar nuestras expectativas cuando estas no se cumplen. Podríamos ilustrar esta actitud con el ejemplo de un jardinero, que hace todo lo mejor que puede y sabe para preparar el terreno, abonarlo, eliminar las malas hierbas, seleccionar las semillas y el momento ideal para plantarlas, regarlas de vez en cuando, pero luego tiene que soltar y dejar que la naturaleza siga su curso y haga el resto. Es un buen ejemplo del equilibrio entre amor y desapego, el cual no es fácil de lograr, sobre todo si lo intentamos aplicar al ámbito de las relaciones humanas.

  



Comunicación clara y honesta



Para evitar malos entendidos y falsas expectativas la comunicación clara y honesta es fundamental. Clarificar con la otra parte, ya sea hijo, cónyuge, socio o colaborador lo que nos gustaría recibir de nuestra relación y también lo que podemos dar y aportar y viceversa. En caso de ciertas desavenencias, estar abiertos a la negociación, siendo flexibles y dialogantes para llegar a unos acuerdos mínimos  que nos permitan tener una convivencia armoniosa y pacifica.




21 de marzo de 2016

PRINCIPIOS ESPIRITUALES DE LA VIDA: LA ATENCIÓN, LA CONCENTRACIÓN Y LA INTENCIÓN


Actualmente se considera que todo es energía; nuestro mundo es la manifestación de un océano de energías, algunas de las cuales construyen formas, mientras que otras constituyen el medio en el que estas formas viven, se mueven y se manifiestan. Nuestros pensamientos, sentimientos, actitudes e intenciones  también son energías sutiles que se están expresando en esta dimensión física. La energía básica fundamental es sutil y espiritual. La consciencia espiritual de cada ser humano está integrada en la energía de los cinco elementos de la materia. Estas energías se rigen por una serie de principios o leyes espirituales universales, uno de los cuales es el principio de la atención, la intención y la concentración.

Podriamos enunciar este principio de la siguiente forma:

Donde sea que enfoques la energía de tus pensamientos, emociones y actitudes provocarás un efecto y algo sucederá en algún momento
        
  “Siembra un pensamiento, cosecha una acción,  siembra una acción, cosecha un hábito, siembra un hábito, cosecha un carácter, siembra un carácter, cosecha un destino”.

¿A qué le das energía en tu mente?

Si por ejemplo nuestra atención se centra en los errores, defectos o debilidades de una persona, estaremos transmitiendo energía a esas debilidades, y con ello las iremos fortaleciendo, tanto en la otra persona como en nosotros mismos. Si por el contrario, nuestra atención se dirige hacia aspectos positivos, nuestra visión reforzará esas cualidades y los demás se sentirán con confianza para expresarlas, lo cual también nos traerá un beneficio a nosotros mismos.
La atención de mi mente da energía a aquello en lo que me enfoco, la concentración da precisión y poder a mis pensamientos, palabras y acciones, y la intención,  el para que lo hago, genera una fuerza transformadora en mis relaciones con el entorno.

9 de marzo de 2016

¿ERES INTELIGENTE? "Equilibrio entre la razón, el corazón y el espiritu"


¿Qué es la inteligencia?

El termino inteligencia proviene del latín “intelligentia” que a su vez deriva de inteligere. Esta es una palabra compuesta por otros dos términos: intus (“entre”) y legere (“escoger”). Por lo tanto, el origen etimológico del concepto de inteligencia hace referencia a quien sabe escoger: la inteligencia nos permite seleccionar las mejores opciones para solucionar un determinado problema. 

Desde hace tiempo se sabe que no existe un único tipo de inteligencia. Podemos encontrar personas con una gran habilidad lógico matemática y una reducida inteligencia emocional. Existe también la denominada “inteligencia espiritual” que nos permite dar una respuesta a la pregunta ¿Quien soy?;  También nos capacita para encontrar un sentido profundo a nuestra vida y, en última instancia, aprender a ser felices de una manera profunda y duradera.

La inteligencia racional u operativa
 
Es la que se nos enseña tradicionalmente en las escuelas. La habilidad de razonar paso a paso e ir tomando decisiones en base a la información que vamos recibiendo. Esta inteligencia nos permite retener datos, procesar la información, relacionarla, e ir resolviendo situaciones prácticas. Sin embargo aunque una persona tenga un alto cociente de esta inteligencia operativa eso no significa que vaya a ser capaz de crear unas buenas relaciones afectivas, encontrarle un sentido a la vida o ser más feliz.

La inteligencia emocional
 
Es la capacidad para reconocer los sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. El término fue popularizado por Daniel Goleman, con su célebre libro: Inteligencia emocional. Goleman estima que la inteligencia emocional se puede organizar en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación, y gestionar las relaciones. Con esta inteligencia desarrollamos ciertas capacidades personales para resolver problemas que afectan a nuestras relaciones o la buena convivencia social.

La inteligencia espiritual

Según explica el filósofo Francesc Torralba; Es una modalidad de inteligencia que también se denomina existencial o trascendente. Completa el mapa de las inteligencias múltiples que desarrolló, hace más de dos decenios, Howard Gardner. Nos referimos a una inteligencia que nos faculta para preguntar por el sentido de la existencia, el desarrollar la capacidad de ser un observador imparcial de la realidad,  para elaborar proyectos de vida, para trascender la materialidad, el saber interpretar símbolos y comprender sabidurías de vida. El ser humano es capaz de un conjunto de actividades que  no se explican sin referirse a este tipo de inteligencia. Es especialmente cultivada en los grandes maestros espirituales, en los filósofos y artistas, también en los creadores.

¿Cómo cultivar la inteligencia espiritual?

La persona que ha desarrollado su inteligencia espiritual ha descubierto un nuevo lenguaje, el del silencio y la reflexión, y se da cuenta que la vida tiene un sentido más profundo y trascendente. 

La práctica de la soledad, el gusto por el silencio, la contemplación estética, la práctica de la meditación, el diálogo socrático e incluso el ejercicio físico son formas de desarrollar la espiritualidad y nos permite ser más auto-conscientes. Aprendemos a reconocer la importancia de nuestros pensamientos y emociones así como del impacto que crean en nuestro entorno. 

La inteligencia espiritual es aprender a mirar en nuestro interior y crear calma y silencio en la mente. Por medio de la meditación podemos conocernos en profundidad, y conocer mejor a los demás. También nos permite  clarificar nuestra identidad auténtica y el propósito de nuestra existencia.

7 de febrero de 2016

MEDITACIÓN: LA MEDICINA DEL ALMA


Nuestras vidas tienen una dimensión exterior, el mundo de nuestras relaciones, trabajo, responsabilidades, roles, etc.; y una dimensión interior, el mundo de nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. Estas dos dimensiones están interconectadas y se influyen mutuamente a cada momento. Lo que sucede en nuestro entorno cotidiano afecta nuestra forma de pensar, sentir y actuar. De la misma forma nuestros pensamientos, palabras y acciones tienen un impacto directo en las circunstancias de nuestra vida y  en la calidad de nuestras relaciones con los demás.

Muchas personas no son conscientes de cómo la calidad de sus pensamientos y emociones tienen un influencia directa en la respuestas que reciben de su entorno. Cuando vamos desarrollando más consciencia de nuestros propios pensamientos podemos anticipar las respuestas de los demás. Para tener claridad de nuestros pensamientos deberíamos observar con cierta perspectiva lo que está pasando, ver la totalidad de la situación en nuestra mente y comprender la manera en que nos afecta. Cuando somos más conscientes prestamos más atención a aquello que se nos pide, o al consejo o apoyo que se necesita de nosotros.

Meditar a diario nos ayuda a cultivar una vida interior más rica, plena y armoniosa. De esta forma podemos desarrollar un estado de mayor presencia que nos aporta claridad y fortaleza mental. Esto nos permite dar respuestas positivas a las situaciones y retos que se nos presentan a diario.

Podríamos distinguir siete etapas en el proceso de la meditación:

1)   Relajación: nos permite soltar las tensiones del cuerpo y nos prepara para entrar en un estado meditativo.
2)   Iniciación: Vamos tomando cierta distancia de la actividad mental, adoptando la actitud de un observador imparcial. Este posicionamiento nos ayuda a tomar conciencia de la dispersión de pensamientos que hay en nuestra mente y a ir efocándonos en un punto interior de conciencia.
3)   Calmar la mente: sembramos en nuestra mente nuevas semillas de pensamientos pacíficos y calmados. Vamos entrando en un estado de tranquilidad y quietud mental.
4)   Concentración: Nos podemos ayudar de algunas imágenes que nos evoquen vivencias de paz. Ello nos ayuda a mantener la concentración y la experiencia de calma y silencio interior se hace más real.
5)   Conexión con el ser: nos estabilizamos en nuestro centro, nuestra esencia divina y luminosa.
6)   Conexión trascendente: Vamos más allá del yo limitado o falso ego, sentimos la unión con una fuente suprema de energía espiritual. Entramos en un estado de yoga o comunión.
7)   Irradiamos esta energía de amor y poder espiritual que recibe nuestra alma y nos abrimos para compartirla con los demás. Poco a poco nos preparamos para entrar en la acción de una forma más altruista y compasiva.


La práctica de la meditación es una disciplina mental  sobre uno mismo para llevar a cabo un proceso de sanación del alma. Es una actividad  sutil y profunda que nos permite desarrollar nuestra inteligencia espiritual y que nos aportará importantes beneficios en nuestra capacidad de concentración, claridad mental, estabilidad emocional y  toma de decisiones correcta, etc.


18 de septiembre de 2014

¿ES LA FELICIDAD UN DESTINO A ALCANZAR O UN CAMINO A RECORRER?



Aristóteles afirmó que todo lo que hacemos los seres humanos en este mundo es para lograr la experiencia de la felicidad. Sin embargo, al ser tan importante puede que hagamos cosas erróneas para conseguirlo y como resultado experimentamos  a veces felicidad  y  otras sufrimiento.

¿Por qué sufrimos?

El origen del sufrimiento (estados de ansiedad, tristeza, angustia, negatividad, vacío interior, etc.), es decir, cualquier estado emocional que nos produce un malestar o insatisfacción no viene provocado tan solo por nuestras circunstancias exteriores o la situación de nuestro entorno,  sino en gran medida por  nuestros pensamientos, emociones y sistema de creencias.
Desde la perspectiva espiritual la felicidad es un estado de conciencia que creamos cada uno de nosotros en nuestras mentes. Es nuestra forma de pensar acerca de las cosas que suceden a nuestro alrededor  lo que nos hace felices o infelices, es decir, la forma en que percibimos la realidad exterior y como la interpretamos y procesamos  internamente. Por tanto, la forma en que vivimos el presente es lo que determina nuestro estado de felicidad. Como más sepamos vivir con plena conciencia del “Ser” y mantengamos un estado de atención plena en cada momento de nuestra vida, más  la felicidad será una experiencia que solo dependerá de nosotros.

23 de julio de 2014

EL ÉXITO EMPIEZA EN LA MENTE



¿Qué entendemos por éxito? 

Para algunas personas el éxito podría estar relacionado con el “Tener”, ya sea tener riqueza, una buena posición, relaciones de calidad, salud, etc. Para otras puede que esté más relacionado con el “Hacer”, hacer deporte, un viaje,  un proyecto profesional, una comida, etc..  Aspirar a conseguir estas y otras muchas cosas que la vida nos ofrece es normal. No hay nada erróneo en mirar de lograr estos objetivos, siempre y cuando   nuestra mente no se quede atrapada en una serie interminable de deseos y se convierta en esclava de esos logros externos ,temporales y limitados. Existe otra dimensión del éxito que se basaría en el “Ser”, y  que sería independiente del tener o el hacer.  Hacerme la pregunta de vez en cuando, ¿cómo puedo ser un mejor ser humano, mejor persona, más auténtico y genuino?.  Permanecer conectado con nuestro ser interior nos permitirá expresar aquellos atributos de nuestra personalidad   que elijamos a cada momento, independientemente de cuales sean las circunstancias externas.

Características de una mente exitosa

En primer lugar tiene que haber claridad y apertura. Para ello es importante que nos conozcamos bien, lo cual implica conocer tanto nuestras fortalezas como las debilidades, y a su vez  a confiar plenamente en nuestra capacidad  y  posibilidades de lograr el éxito. En segundo lugar tener claro el propósito que queremos conseguir. ¿Para qué hago lo que hago? ¿Qué quiero conseguir? Esto ayuda a concentrar la mente hacia unos objetivos.  Una vez me pongo en marcha y paso a la acción será necesario mantener determinación y convicción en alcanzar la meta final, y no desanimarse ante los posibles obstáculos, dificultades o fracasos que surjan en el camino. La calidad de mi intención también influirá en que las personas de mi entorno y “El Universo” cooperen conmigo en alcanzar la meta. Por último necesitaremos tener paciencia para ir sembrando día a día  los pensamientos y las acciones que nos llevarán a nuestro destino. 

Mantener una actitud positiva

Nuestra actitud tiene un gran impacto en nuestra vida.  No podemos cambiar nuestro pasado. No podemos cambiar a los demás. No podemos evitar que sucedan ciertas cosas. Lo único que podemos hacer es jugar con la única cuerda que tenemos y esa es nuestra actitud. Se dice que la vida es 10% lo que ocurre y un 90% como respondes a ello.

Las personas positivas comparten siete características comunes:
1.- Creen en sí mismos
2.- Están dispuestas a ver lo mejor en los demás
3.- Pueden ver oportunidades en todas las circunstancias
4.- Se enfocan en soluciones.
5.- Desean dar y compartir
6.- Son persistentes y constantes
7.- Toman la responsabilidad de sus vidas